Después del tremendo 5-4 de la ida, los equipos vuelven a verse las caras este miércoles en el Allianz Arena para definir al segundo finalista de la Champions League.
La serie llega abierta. Sí, PSG pegó primero en París y sacó ventaja. Pero Bayern dejó algo más importante que cuatro goles: dejó la sensación de que puede lastimarlo y de que está muy lejos de estar eliminado.
Por eso, más allá del resultado de la ida, todo apunta a otra noche grande de fútbol europeo.
Lo primero que invita al optimismo del espectáculo es la naturaleza de ambos equipos. Ni el Bayern de Vincent Kompany ni el PSG de Luis Enrique saben especular demasiado. Son equipos que viven mejor cuando atacan, cuando presionan, cuando juegan en campo rival.
Y eso, en una semifinal de este calibre, vale oro.

El conjunto alemán llega con la obligación de salir a buscarlo desde el arranque. Una victoria por un gol llevará la serie al alargue. Si gana por dos o más, sacará boleto directo a la final de Budapest, donde ya espera el Arsenal.
La buena noticia para los bávaros es que jugarán en casa, un escenario donde se han mostrado prácticamente intocables durante toda esta Champions.
Con Harry Kane como bandera, Bayern apuesta a una noche de personalidad. El inglés es garantía de gol, pero también de lectura para asociarse y ordenar los ataques. A su lado, Jamal Musiala y Luis Díaz serán claves para desequilibrar y romper una defensa parisina que mostró grietas en la ida.

PSG, mientras tanto, viaja con ventaja, pero sin margen para dormirse.
Luis Enrique sabe que meterse atrás sería un error. Este equipo está construido para atacar, para asumir riesgos y para castigar espacios. Cambiar esa esencia justo ahora sería traicionar todo lo que lo trajo hasta esta instancia.
Con un Dembélé encendido, autor de un doblete en la ida, más el talento de Kvaratskhelia y la claridad de Vitinha para manejar los tiempos, el campeón francés tiene argumentos de sobra para golpear.
Y ahí está la clave.
Kompany lo dejó claro en la previa: cuesta imaginar que alguno cambie su forma de jugar, lo que lleva a pensar que ninguno dejará nada al azar y se jugarán el todo por el todo.
Con el pase a la final en juego y el recuerdo todavía fresco del partidazo en París, el Allianz Arena se prepara para hervir. Bayern necesita una remontada. PSG quiere sostener su ventaja sin renunciar a su identidad.
Lo que viene pinta para otra de esas noches que hacen grande a la Champions, y algunos dicen que este partido será la "verdadera" final soñada. Que ya ruede el balón...
