Ecuador comenzó su camino en el Mundial con una derrota que duele más por las formas que por el resultado. La Tri cayó 1-0 ante Costa de Marfil en su debut, en un partido en el que mostró personalidad, control durante largos tramos y las ocasiones más claras para quedarse con los tres puntos. Sin embargo, la falta de contundencia volvió a pasar factura en el momento menos oportuno.
El equipo de Sebastián Beccacece salió decidido a imponer condiciones. Con Moisés Caicedo como eje del mediocampo y una propuesta dinámica en ataque, Ecuador logró generar peligro constante y puso en aprietos a la defensa africana. Los postes y las intervenciones del arquero rival evitaron que el dominio ecuatoriano se reflejara en el marcador.
Cuando el empate parecía sellado, llegó el golpe inesperado. A pocos minutos del final, Costa de Marfil encontró espacios en una transición rápida y aprovechó una de las pocas oportunidades que tuvo para quedarse con la victoria. Fue un castigo excesivo para una selección que había hecho méritos para sumar, pero que volvió a evidenciar dificultades para transformar su superioridad en goles.
Pese al resultado, Ecuador dejó señales alentadoras. El funcionamiento colectivo fue competitivo, la intensidad se mantuvo durante gran parte del encuentro y el equipo mostró argumentos para pelear la clasificación. Sin embargo, en una Copa del Mundo los márgenes son mínimos y los errores se pagan caro.
Ahora, la Tri está obligada a reaccionar. El próximo compromiso ante Curazao adquiere una importancia decisiva, mientras que el cierre de la fase de grupos frente a Alemania aparece como el desafío más exigente. El camino recién comienza, pero Ecuador ya entendió la lección: en el Mundial no basta con jugar mejor que el rival; también hay que convertir ese dominio en resultados.
