Cuando Néstor Lorenzo asumió la selección colombiana en 2022, tomó una decisión que muchos cuestionaron: volver a llamar a James Rodríguez. El volante atravesaba un momento complicado, con pocos minutos en su club y muchas dudas sobre su nivel. Sin embargo, el técnico argentino confió en él desde el primer día y lo incluyó en su primera convocatoria para los amistosos ante Guatemala y México. James respondió de inmediato: marcó un gol en su primer partido de la era Lorenzo y encendió los reflectores que estaban apagados sobre él.
Desde entonces, James volvió a ser el líder futbolístico de Colombia, fue elegido el mejor jugador de la Copa América 2024 tras sumar un gol y seis asistencias, y también terminó como el máximo asistidor de las Eliminatorias Sudamericanas rumbo al Mundial 2026. Lorenzo le devolvió la confianza y James le respondió con fútbol, liderazgo y resultados. Por eso, más que una relación entre técnico y jugador, la suya parece una deuda de honor que sigue creciendo partido tras partido.
A sus 35 años, James vuelve a un Mundial después de ocho años, una oportunidad única para devolver con creces lo que Lorenzo hizo por él. En Brasil 2014 disputó cinco partidos, anotó seis goles y dio dos asistencias, cifras que le permitieron ganar la Bota de Oro del torneo. En Rusia 2018 las lesiones le jugaron una mala pasada y apenas pudo disputar dos encuentros completos antes de quedar fuera. Ahora, en el Mundial 2026, el capitán colombiano tiene una nueva oportunidad para ampliar su legado y demostrar que todavía puede ser decisivo para el combinado cafetero.
