Brasil ganó, respiró y siguió adelante. El 2-1 ante Japón dejó una sensación doble: por un lado, la Selección mostró carácter para reaccionar en un partido incómodo; por el otro, volvió a exponer problemas que Ancelotti deberá corregir si pretende sostener la ilusión de la sexta estrella.

El primer tiempo fue pobre. Brasil tuvo la pelota durante largos pasajes, pero le costó muchísimo transformar esa posesión en situaciones claras. Japón hizo casi todo bien: se ordenó atrás, cerró espacios con líneas compactas y esperó el momento justo para lastimar cuando el equipo brasileño quedaba mal parado.
El gol de Kaishu Sano llegó justamente a partir de una falla en la salida. Danilo se equivocó con un pase hacia adentro, la defensa quedó desacomodada y Casemiro, ya amonestado, no pudo cortar la jugada. Japón aprovechó el regalo y golpeó. Más allá de los errores individuales, también quedó la sensación de que el retroceso y el orden defensivo de Brasil no estuvieron a la altura.

La mano de Ancelotti empezó a notarse en el complemento. Brasil aceleró por las bandas, cargó más gente en el área y empezó a buscar con mayor insistencia el centro. Así llegó el empate: Gabriel Magalhães metió una pelota precisa y Casemiro, bancado por el entrenador pese a estar condicionado, apareció para poner el 1-1.
Después, los cambios terminaron de inclinar la cancha. Endrick le dio más presencia física al ataque, mientras que Gabriel Martinelli aportó lo que el equipo necesitaba: ritmo, profundidad y movilidad permanente. Además de convertir el gol de la victoria, el delantero abrió espacios para que Vinicius Junior pudiera atacar más cerca de la línea de fondo, una zona desde la que Brasil creció mucho en peligro.

También hubo que mirar con atención el partido de Bruno Guimarães. Sin convertir, fue uno de los grandes responsables de la remontada y sigue acercándose a una marca histórica de Pelé en los Mundiales. El número 8 ya suma cuatro asistencias en el torneo y es el máximo asistidor de la competencia. Pelé mantiene el récord de pases de gol en una misma Copa del Mundo, con seis en México 1970.

De todos modos, el triunfo no debería tapar las señales de alarma. Brasil volvió a sufrir contra un rival bien parado, le faltó sorpresa durante varios tramos y por momentos se volvió demasiado previsible.
