México enfrentará a Inglaterra con argumentos que van mucho más allá del entusiasmo de disputar un Mundial en casa. Cuatro partidos, cuatro victorias y ningún gol recibido respaldan el trabajo que ha construido el equipo de Javier Aguirre. El triunfo 2-0 sobre Ecuador en los dieciseisavos de final, con anotaciones de Julián Quiñones y Raúl Jiménez, confirmó que el Tri atraviesa su mejor momento en el torneo. Sin embargo, el reto que espera el próximo domingo 5 de julio en el Estadio Ciudad de México será de una exigencia completamente distinta.
Inglaterra, dirigida por Thomas Tuchel, llega impulsada por la capacidad de reacción que mostró ante Congo, partido que resolvió gracias a un doblete de Harry Kane. Frenar al delantero inglés será una de las prioridades para México. Más que depender de marcas individuales, el éxito estará en mantener el orden colectivo, cerrar espacios entre líneas y evitar que Kane pueda conectar con jugadores tan desequilibrantes como Bellingham o Madueke.
En ataque, el Tri deberá confiar en la velocidad y en las transiciones que tan buenos resultados le han dado. Quiñones puede encontrar espacios por la banda izquierda, mientras que Raúl Jiménez tendrá un papel clave como referencia para descargar balones y permitir la llegada de Roberto Alvarado desde segunda línea. Ante Ecuador quedó demostrado que México no necesita dominar la posesión para generar peligro; la paciencia y la contundencia también pueden marcar diferencias.
Otro aspecto que podría inclinar la balanza será el desgaste físico. La altitud de la Ciudad de México representa un desafío para cualquier visitante, e Inglaterra ha reconocido que adaptarse por completo en pocos días resulta complicado. Si el conjunto mexicano administra bien sus esfuerzos, mantiene la intensidad en los momentos adecuados y conserva la solidez defensiva que lo ha distinguido, tendrá motivos para creer que puede competir de tú a tú y seguir alimentando la ilusión de toda una afición.
