Boca dio el primer paso en la serie y gran parte de la explicación está en la actuación de Leandro Paredes. El capitán, que apenas unos días atrás había disputado la final del Mundial, volvió a demostrar toda su jerarquía. Se adueñó de la pelota, marcó el ritmo del equipo y terminó siendo el jugador que inclinó la balanza a favor del Xeneize.
Desde el arranque del encuentro empezaron a verse las primeras señales de la idea que pretende el Vasco Arruabarrena. Con un doble cinco bien definido, Aranda suelto para la creación y un tridente ofensivo, Boca buscó imponer condiciones, sobre todo por los costados. Los laterales y extremos fueron una vía constante para abastecer a Miguel Merentiel, que volvió a mostrar que se siente más cómodo saliendo del área y participando del juego que esperando como un centrodelantero fijo.

Sin embargo, no todo fue positivo en esa primera mitad. Al equipo le costó reacomodarse cada vez que perdió la pelota y O'Higgins encontró espacios para salir de contra. La situación más clara de los chilenos llegó antes del gol de Boca, con un remate de Martín Sarrafiore que exigió una muy buena intervención de Álvaro Montero. Cuando el empate parecía sellado para irse al descanso, apareció el talento de Paredes. Con un pase preciso, de esos que rompen cualquier defensa, dejó a Merentiel mano a mano con el arquero y el uruguayo no perdonó: definió con tranquilidad para poner el 1-0 antes del entretiempo.
En el complemento, el desgaste físico empezó a pasarle factura a O'Higgins y Boca aprovechó para controlar el desarrollo del partido con mayor tranquilidad. Aun así, ese dominio no se reflejó en el marcador. El conjunto de la Ribera volvió a mostrar una de las falencias que arrastra desde hace tiempo: la falta de eficacia para transformar en goles las situaciones que genera. Por eso, la diferencia terminó siendo mínima y la serie quedó más abierta de lo que el desarrollo del encuentro parecía indicar.
