Hay futbolistas que se recuerdan por las copas que ganaron, los goles o la personalidad que mostraban en el campo. Pero a Franco Baresi se le recordará por algo mucho más difícil de conseguir: la admiración de quienes intentaban superarlo en la cancha. Por eso, tras conocerse su fallecimiento este viernes, a los 66 años, el mundo del fútbol no solo despidió a una leyenda del Milan, sino también a uno de los defensores más respetados de todos los tiempos.

Baresi perteneció a una generación que entendía el fútbol de otra manera. Debutó con el Milan cuando todavía era un adolescente y nunca se marchó, algo impensado en estos tiempos, donde el sentido de pertenencia ha sido reemplazado por las grandes ofertas económicas. Durante dos décadas defendió la misma camiseta, fue el capitán del equipo en sus años más gloriosos y convirtió el número 6 en un símbolo tan importante que el club decidió retirarlo cuando anunció su retiro en 1997.

Franco Baresi en el Derby della Madonnina en la Serie A temporada 1984-1985. (Foto: imago/Buzzi)
Pero quizá la mejor forma de entender quién fue Baresi no esté en sus seis Scudettos, sus tres Copas de Europa o el Mundial conquistado con Italia en 1982. La historia que mejor lo retrata tiene como protagonista a uno de los mejores futbolistas de todos los tiempos: Diego Armando Maradona.
Ocurrió en octubre de 1989, después de un intenso Napoli-Milan. Mientras caminaba por los pasillos del estadio San Paolo, Maradona llevaba puesta la camiseta de Baresi. Un periodista le preguntó por qué la conservaba y el argentino respondió con una frase que quedó inmortalizada: "Es la camiseta de un grandísimo jugador. Para mí, Franco Baresi es el mejor defensor". No era una declaración cualquiera. Venía del futbolista que había desafiado a las mejores defensas del planeta y que conocía, como pocos, lo difícil que era encontrar espacios cuando el capitán del Milan estaba enfrente.
Con los años se supo que la admiración era mutua. El propio Baresi contó que fue Maradona quien le pidió intercambiar camisetas al terminar aquel partido y reconoció que ese gesto lo sorprendió. La guardó durante décadas como uno de sus recuerdos más valiosos. Cada vez que le preguntaban por el argentino, repetía la misma idea: marcarlo era una pesadilla. "Había que rodearlo entre tres o cuatro jugadores, porque si lo dejabas solo era prácticamente imposible detenerlo", recordaba entre risas.

Con la selección italiana también dejó momentos imborrables. Integró el plantel campeón del mundo en España 1982 y, doce años después, protagonizó una historia que todavía emociona a los aficionados italianos. Se recuperó de una grave lesión de rodilla en tiempo récord para disputar la final del Mundial de Estados Unidos 1994 frente a Brasil. Aunque falló uno de los penales en la definición, su actuación durante los 120 minutos es recordada como una auténtica exhibición defensiva.
Otro reconocido exdelantero, como Hernán Crespo lamentó la partida del legendario defensor, asegurando que "Baresi fue el más duro de todos".
Después de retirarse, nunca se alejó del Milan. Siguió trabajando en la institución y se convirtió en uno de los grandes embajadores de un club con el que construyó un vínculo para toda la vida.
En tiempos en los que el sentido de pertenencia parece haber desaparecido, en un fútbol cada vez más cambiante y globalizado, Franco Baresi representó una excepción. Fue un líder y un capitán respetado por todos, pero, sobre todo, "el mejor defensor del mundo", como lo definió Diego Armando Maradona.

