Eryc Castillo llegó a Alianza Lima con una etiqueta que parecía difícil de cambiar: la de extremo. Velocidad, potencia, capacidad para encarar y una facilidad especial para atacar los espacios fueron durante años sus principales virtudes. Su fútbol parecía estar atado a la banda, donde construyó buena parte de su carrera.
Pero en 2026 apareció una versión distinta.
Con la llegada de Pablo Guede, el ecuatoriano empezó a alejarse de la línea y a acercarse al área. El técnico argentino lo reconvirtió en delantero por dentro, una posición en la que debía moverse entre los defensores, aprovechar los espacios y estar mucho más cerca del arco. El cambio no tardó en dar resultados.
Castillo comenzó a responder con goles y actuaciones decisivas. Su presencia ofensiva creció partido a partido hasta convertirse en una de las principales armas de Alianza Lima. En la sexta fecha del Torneo Clausura, en Arequipa y frente a Melgar, alcanzó los 15 goles en la temporada.
El número cuenta una historia por sí solo. Castillo ya superó por tres tantos su registro del año pasado, cuando marcó 12. Y lo más llamativo es que todavía tiene más de la mitad del segundo torneo del año por delante para seguir ampliando una cifra que ya representa la mejor producción goleadora de toda su carrera.
La estadística explica una parte de la historia. La otra está en el cambio de posición. Guede entendió que Castillo podía hacer más daño cerca del área que pegado a la raya. El ecuatoriano respondió de la mejor manera posible: con goles.
A sus 31 años, Castillo no necesariamente se convirtió en otro futbolista. Encontró, más bien, otra manera de explotar las mismas virtudes. El extremo que durante años buscó el arco desde la banda ahora lo hace desde dentro.
A veces, para cambiar la historia de un jugador no hace falta cambiar sus virtudes. Basta con encontrarle el lugar correcto en la cancha.
