Boca volvió a encontrar algo que parecía perdido, la sensación de competir de manera internacional sin expulsados y con jerarquía. Desde que llegó Rodolfo Arruabarrena, el equipo recuperó carácter, orden y esa personalidad que tantas veces se le reclamó. Para muchos, el vasco ya es el mejor técnico de la era Riquelme. Ahora tiene tres torneos para demostrarlo.

La Sudamericana es el gran sueño. Boca ya está entre los cuatro mejores y sabe que cada partido se juega como se hizo en el Morumbi el día de ayer. En esta instancia no alcanza con la camiseta ni con el peso de la historia: hay que correr, meter y jugar. El Xeneize tiene una oportunidad que no puede dejar pasar frente a Vasco da Gama en semifinales.

La Copa Argentina, mientras tanto, obliga a no desenfocarse. El cruce directo no perdona errores y cualquier partido puede convertirse en una trampa. Boca necesita ese equilibrio entre la jerarquía de sus nombres y concentración para vencer a Racing en cuartos de final en Arroyito.
Y está el Clausura, donde tampoco hay margen para dormirse. La pelea de un torneo de formato complejo exige regularidad, sumar de a tres y no regalar terreno. El calendario aprieta en la etapa final.
Arruabarrena tiene una tarea enorme: devolverle a Boca la identidad de equipo grande, esa hambre que no se negocia. Son tres frentes, tres desafíos y una ilusión que vuelve a caminar por la Bombonera. El vasco ya encendió la mecha y ayer lo dijo “hay que salir campeón de algo”.
