Boca dio una muestra de carácter inmensa bajo el diluvio del Bajo Flores y se impuso con justicia por 2 a 0 ante San Lorenzo. La expulsión de Manuel Insaurralde terminó por derrumbar a un Ciclón que ya hacía agua, facilitándole las cosas a un visitante que jugó con la suficiencia de los grandes candidatos.
Con Arruabarrena conduciendo como hace tiempo no lo hacen en Boca y un Leandro Paredes dando cátedra en el medio, la superioridad xeneize fue incuestionable de principio a fin. Paredes demostró que juega un torneo aparte, manejando los hilos a su antojo con una jerarquía que hoy le queda enorme al fútbol local.
Este triunfazo confirma una racha formidable de catorce partidos sin caídas que refleja una solidez colectiva envidiable y sella el boleto a los octavos del Clausura. Lo verdaderamente valioso, y lo que ilusiona al hincha, es la autoridad con la que este equipo impone sus condiciones en partidos complejos como lo hizo en el Morumbi.
Respaldados por una defensa y arquerti que transmiten una paz absoluta y un funcionamiento serio que no especula, los de la Ribera invitan a creer en la pelea por los tres frentes. Con 17 unidades en el Grupo A, los muchachos ya se mentalizan en el picante cruce frente a Racing por la Copa Argentina.

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