El diagnóstico del fútbol chileno es tan evidente como doloroso: la crisis no pasa por una sequía de talento, sino por la ausencia total de un arquitecto en la testera. Mientras La Roja adulta deambula sin rumbo bajo el interinato de un Nicolás Córdova que demostró no tener respuestas —atrapado entre inventos de pizarrón, números deplorables y fracturas internas insalvables como la fuga de Marcelino Núñez—, las bases demuestran en la cancha que el futuro está vivo.

Ahí está la Sub 17 de Ariel Leporati ilusionando a todos tras vencer a Croacia en su propia casa con una definición magistral de Amaro Pérez, ratificando lo hecho ante Qatar en la antesala del Mundial; o la histórica hazaña de Santiago Wanderers Sub 20 alzándose como flamante campeón de la Copa Libertadores de la categoría. Cantera, roce y hambre sobran en las nuevas generaciones. Lo que no existe es una cabeza con la autoridad y la espalda necesaria para ordenar el descalabro. Y esa figura tiene nombre y apellido: Manuel Pellegrini.
La mesa está servida como nunca antes. Aunque el 'Ingeniero' mantiene contrato con el Real Betis hasta junio de 2027, existe un detalle que parece un guiño del destino: una cláusula especial que le permite salir a costo cero si el llamado proviene de la selección chilena, mientras que a cualquier club del mundo le exigirían desembolsar 8 millones de dólares por su rescisión. La puerta está abierta de par en par.

Sin embargo, el obstáculo para concretar el gran anhelo de nuestro balompié no es económico ni deportivo, sino dirigencial. En el entorno de Don Manuel ven con legítima preocupación el ambiente tóxico que rodea a la sede de Quilín, describiendo la actualidad criolla como una olla a presión sin rumbo claro. El propio estratega lo advirtió públicamente: cualquier definición pasa por saber qué mando tomará las riendas del fútbol chileno tras el término del mandato en noviembre.
Por lo mismo, dilatar el proceso es una negligencia absoluta. La ANFP necesita adelantar las elecciones ahora ya, terminar con la incertidumbre institucional y poner una directiva seria que le ofrezca a Pellegrini las llaves de un proyecto integral. No se trata solo de sentarlo en el banco para el proceso del Mundial 2030, sino de entregarle el mando metodológico para encauzar a los Amaro Pérez y a la camada dorada de Valparaíso.
Basta de experimentos estériles y de perder el tiempo con interinatos desgastados. La materia prima está lista para ser pulida y el mejor DT de nuestra historia tiene una vía de escape servida. Solo falta que la dirigencia dé un paso al costado o acelere los tiempos para devolverle la decencia a la camiseta de todos.
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