Valió la pena madrugar. Cuando el ambiente en torno a la Roja no daba más de tenso tras los porrazos ante Canadá y Estados Unidos, la selección chilena sacó amor propio en el Memorial Coliseum de Los Ángeles y cerró su gira norteamericana con un macizo 2-0 sobre México. Un triunfo con tintes de hazaña si se considera que el 'Tri' era prácticamente local ante su gente y que la escuadra nacional venía golpeada por las polémicas internas.

Golpes quirúrgicos y la pincelada de Darío Osorio
A diferencia de las presentaciones anteriores donde reinó el desconcierto, esta vez Chile pegó en los momentos exactos. El equipo supo capitalizar recuperaciones altas y liquidar el trámite con dos estocadas letales:
- El desahogo de Maxi: Maximiliano Gutiérrez ratificó su gran noche coronando una jugada rápida para abrir la cuenta y premiar su despliegue incansable por la banda.
- La joya de la noche: Con los cambios en el complemento, llegó la obra de arte. Darío Osorio frotó la lámpara con una asistencia magistral con clase europea para que Vicente Pizarro entrara pisando el área y definiera con frialdad para decretar el 2-0, dejando sin respuestas al cuadro de Rafa Márquez.

El acierto de la línea de tres y la seguridad de Vigouroux
Futbolísticamente, el gran mérito radicó en la corrección defensiva. Tras sufrir una sangría constante por los costados en Toronto y St. Louis, el cambio táctico fue un acierto total:
- Fondo blindado: Se reforzó la zaga con una línea de tres centrales que protegió mucho mejor el área propia, anulando las bandas mexicanas y cortando de raíz la fragilidad aérea.
- Garantía bajo los tres palos: Lawrence Vigouroux ratificó su enorme categoría cada vez que fue exigido, transmitiendo tranquilidad con los pies y sacando balones clave para mantener el cero.
- Buen pie en el medio: Arriba destacaron las trepadas punzantes de Gonzalo Tapia, mientras que el ingreso de Víctor Méndez por Rodrigo Echeverría le dio a la Roja la pausa y el manejo que hacían falta para congelar las intenciones aztecas.

La lección de Los Ángeles: Material hay, falta el conductor
El festejo en suelo estadounidense es un bálsamo necesario para un camarín que venía herido, pero no debe nublar el diagnóstico de fondo. Chile todavía carece de un circuito colectivo fluido y sigue dependiendo en exceso de los arrestos individuales y los momentos de inspiración.
Sin embargo, el triunfo echa por tierra la falacia de que "no hay jugadores". El talento de Osorio, el desparpajo de Maxi Gutiérrez, la claridad del 'Vicho' Pizarro y el sacrificio de Tapia demuestran que materia prima existe en el medio local y en el extranjero si se trabaja con seriedad.
Nicolás Córdova se despide de la gira con una victoria balsámica, pero la conclusión no cambia: este grupo necesita con urgencia un cuerpo técnico definitivo y un proyecto dirigencial con peso que ordene las piezas. Hay con qué pelear; ahora le toca a la ANFP no farrearse a esta generación.
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