El mundo del deporte atravesó en 2025 varias pérdidas sensibles. Una de las más dolorosas fue la del goleador Diogo Jota, no solo por la forma en que ocurrió, sino también por la edad del joven futbolista luso. Como escribió Miguel Hernández, “temprano madrugó la madrugada, temprano levantó la muerte el vuelo”. El delantero del Liverpool tenía apenas 28 años cuando un accidente de tránsito apagó su vida y dejó un vacío imposible de llenar.
También se fue el último de los dinosaurios. George Foreman era el vestigio viviente de una época dorada del boxeo y uno de los más feroces noqueadores de la historia. “Big George” ahora descansa junto a Ali, Frazier, Norton o Lyle, compañeros de cuadriláteros y batallas inolvidables en los años setenta.
El deporte sudamericano también despidió al inefable Hugo Orlando Gatti. Notable y excéntrico arquero argentino, campeón de la Copa Libertadores, el “Loco” revolucionó el puesto con su personalidad irreverente y popularizó “la de Dios”: esa atajada temeraria en la que, con los brazos abiertos y el pecho al frente, desafiaba al gol y al sentido común.
Otras desapariciones importantes marcaron el año: los exitosos directores técnicos Xabier Azkargorta, Leo Beenhakker y Miguel Ángel Russo; el gimnasta multicampeón olímpico Akinori Nakayama; el fisicoculturista brasileño Kadú Santos; el pugilista Mike “The Body Snatcher” McCallum; el futbolista Juan Ramón “La Bruja” Verón; y la gloria del tenis italiano Nicola Pietrangeli.
Incluso en la frontera donde se cruzan los caminos del deporte y el espectáculo, 2025 dejó su huella de tristeza con la partida del legendario luchador Hulk Hogan, ícono de una era y rostro eterno del show sobre el ring.
Se fueron nombres, estilos y épocas. Quedaron las gestas, las imágenes imborrables y la certeza de que, aunque el tiempo avance sin pedir permiso, las leyendas no mueren: se transforman y permanecen en la memoria colectiva.
