Con el ADN del United a flor de piel y el libreto de Ferguson como referencia inevitable, Michael Carrick le devolvió una identidad a un Manchester United que llevaba más de una década extraviada. El equipo volvió a parecerse a aquel que supo dominar el fútbol europeo y mundial, con un mediocampo intenso, agresivo y comprometido, muy en la línea de lo que representaban en su momento Paul Scholes o Roy Keane.
A la cuestión anímica, potenciada por el empuje inconfundible de Old Trafford, se le sumó la lectura táctica de Carrick. El DT entendió el partido y supo jugarlo en sus distintos momentos: cuando hubo que aguantar y correr detrás de la pelota, lo hizo; cuando el contexto permitió tomar el control, el equipo se afirmó en la posesión y cerró el primer tiempo con pasajes de buen manejo.
En el complemento, el United fue directo y punzante. Apostó por transiciones rápidas y sacó rédito del adelantamiento del equipo de Guardiola. El funcionamiento colectivo se apoyó en sociedades bien marcadas en todas las líneas. Martínez y Maguire se complementaron para desayunarse a Haaland; Casemiro y Mainoo equilibraron el medio, aislaron a Foden y dejaron expuesto el flojo momento de Rodri; y en ataque, la potencia de Mbeumo encontró respaldo en la jerarquía de Bruno Fernandes, una fórmula que luego se renovó con el ingreso determinante de Cunha. Por los costados, las duplas entre laterales y extremos terminaron de completar un andamiaje sólido, que le dio amplitud y profundidad a un equipo que volvió a competir de igual a igual.
Para un club de la magnitud del Manchester United, ya sin chances en las copas domésticas y fuera del radar internacional, una victoria de este calibre funciona como un alivio y se mete de lleno entre los momentos más destacados de la temporada 2025/26.
El triunfo también abre una discusión hacia adelante. Carrick dio motivos para sostenerse en el cargo y para que la dirigencia piense dos veces antes de salir a buscar al técnico de moda. Los próximos meses dirán si se trató de un impacto anímico propio de un clásico en casa o si, definitivamente, Michael Carrick estaba listo para asumir el mando.
