Combustibles sostenibles: el cambio silencioso que sacude a la F1 2026

Los vehículos están practicamente listos para la temporada 2026. Foto: Tobias Schwarz AFP

Se trata de una transformación histórica que no se ve, pero se siente y su llegada es obligatoria. Un cambio profundo que altera el desarrollo de los motores, dispara los costos y ya genera dolores de cabeza incluso antes del inicio de la temporada.

Durante años, el combustible fue una variable secundaria en la F1. Eso se terminó. Con las nuevas unidades de potencia, donde el motor térmico pierde protagonismo frente a la parte eléctrica, la gasolina vuelve al centro de la escena y se convierte en un factor clave de rendimiento.

El problema es que la revolución arranca con complicaciones.

Los test de pretemporada, previstos para la última semana de enero en Barcelona, están rodeados de incertidumbre. Algunos proveedores de combustible tuvieron dificultades para producir a tiempo el volumen sintético necesario exigido por la FIA. La falta de suministro pone en jaque las primeras pruebas y obliga al organismo rector a analizar soluciones de emergencia.

La alternativa que se evalúa es una exención puntual para los test iniciales, tanto en Barcelona como en Bahréin, permitiendo el uso de combustibles que no cumplan al 100% con los parámetros de sostenibilidad. Sería solo un parche: desde el Gran Premio de Australia, en marzo, el combustible sostenible será obligatorio sin excepciones.

Costos récord y exigencias extremas

El impacto económico del nuevo combustible es enorme. En 2025, el litro costaba entre 20 y 30 euros. En 2026, el valor se dispara hasta alrededor de 250 euros por litro. En términos prácticos, llenar el tanque de un F1 para una carrera puede superar los 27.000 euros.

Para evitar que este salto afecte la competitividad, la FIA decidió dejar el gasto en combustible fuera del límite presupuestario. Aun así, el desafío va mucho más allá del dinero.

El reglamento impone restricciones que afectan a toda la cadena de producción. Las materias primas no pueden provenir del petróleo ni de cultivos creados específicamente para este fin. Deben ser residuos de segunda generación: desechos agrícolas, alimentarios, municipales o plástico reciclado. Además, los procesos de transformación también están controlados en términos de emisiones, priorizando el uso de energías renovables.

Un combustible hecho a medida

El desarrollo de los e-fuels comenzó hace cuatro años, tras la congelación de los fluidos en 2022. Desde entonces, los proveedores trabajan prácticamente desde cero. Ya no se trata solo de maximizar potencia y eficiencia: ahora hay que equilibrar rendimiento, sostenibilidad, logística y fiabilidad.

Cada combustible se diseña en función del motor que lo utilizará. Se ajustan parámetros como el número de octanos, la densidad y el poder calorífico según las necesidades de cada fabricante. El margen de prueba es reducido y las horas de banco son limitadas, por lo que los modelos teóricos son clave antes de validar todo en pista.

En la búsqueda de compensar la pérdida de potencia, algunas escuderías probaron mezclas menos agresivas, lo que provocó inconvenientes técnicos como corrosión en inyectores, detectados a pocas semanas de los test.

Todos arrancan desde cero

¿Puede alguien sacar ventaja decisiva con el nuevo combustible? Por ahora, nadie lo sabe. Todos partieron desde cero y las comparaciones reales recién llegarán cuando los autos salgan a pista.

Más allá de la competencia, la FIA apunta a un objetivo mayor: que la F1 vuelva a ser un laboratorio para el futuro del automóvil. Si el combustible sostenible logra alto rendimiento sin exigir cambios extremos en los motores, su salto a los autos de calle podría acelerarse.

 Fórmula 1 entra en una nueva era. No es un cambio que se anuncie con estruendo, sino con química, precisión y sostenibilidad. La revolución, silenciosa pero implacable, ya está en el tanque.