El FC Barcelona volvió a reinar en la Supercopa de España femenina. En el Estadio Castalia de Castellón de la Plana, las azulgranas derrotaron 2-0 al Real Madrid en una final que tuvo pasajes de tensión, momentos de equilibrio y un desenlace que terminó reflejando la diferencia de oficio y jerarquía entre ambos proyectos. Con este triunfo, el Barça alcanzó su sexto título en esta competición y abrió el año reafirmando su condición de referencia absoluta del fútbol femenino europeo.
El Clásico comenzó con un Real Madrid valiente, decidido a incomodar al campeón. Las dirigidas por Pau Quesada apostaron por una presión alta, líneas compactas y una intensidad que durante el primer cuarto de hora logró frenar la fluidez habitual del juego azulgrana. El Barcelona, paciente, aceptó el pulso y fue ganando terreno con el paso de los minutos, aunque sin generar ocasiones claras en el inicio.
La primera sacudida llegó tras una acción aislada que terminó marcando el rumbo del partido. Un disparo de Vicky López obligó a una gran intervención de Misa Rodríguez y, a la salida del córner, Esmee Brugts aprovechó un error de cálculo defensivo para anticipar en el primer palo y abrir el marcador. El gol cambió el escenario: el Barça comenzó a instalarse en campo rival y el Madrid perdió orden por algunos minutos.
Antes del descanso, las blancas reaccionaron y estuvieron cerca del empate. Un remate lejano de Sara Däbritz se estrelló en el travesaño, dejando claro que el partido seguía abierto y que el título no estaba resuelto.
En la segunda parte, el guión se sostuvo entre intentos del Madrid por presionar y un Barcelona que, cuando encontraba espacios, era profundamente peligroso. Allí volvió a aparecer Misa Rodríguez como figura, sosteniendo a su equipo con una serie de atajadas decisivas que evitaron una diferencia mayor. Sin embargo, a falta de pocos minutos, Alexia Putellas fue derribada en el área y la capitana no falló desde el punto de penalti, sellando el 2-0 definitivo.
El Barcelona celebró un nuevo título y confirmó su dominio. El Real Madrid, pese a la derrota, dejó señales de crecimiento y competitividad, aunque todavía sin romper la barrera que separa la ambición de los trofeos.
