No solo ganó. Hizo historia. A los 27 años, la patinadora neerlandesa se quedó con la medalla de oro en los 1.000 metros de patinaje de velocidad en los Juegos Olímpicos de Invierno de Milano Cortina 2026, tras marcar un nuevo récord olímpico que desató emoción, lágrimas y una ovación inolvidable.
El cronómetro se detuvo en 1:12.31 y selló una jornada perfecta para Jutta Leerdam, que necesitaba algo más que una gran carrera: debía superar a su propia compatriota Femke Kok, quien minutos antes había batido el récord con 1:12.59 y parecía encaminada al oro. Pero la última palabra estaba reservada para ella.
La definición fue electrizante. Compitiendo en la última pareja junto a la japonesa Miho Takagi, campeona olímpica en Beijing 2022, Leerdam salió a todo ritmo y ya en el parcial de los 600 metros dejó claro que iba por todo. Cuando cruzó la meta y vio el tiempo en pantalla, no pudo contener la emoción: gritó, se llevó las manos al rostro y rompió en llanto. Sabía que acababa de lograr el objetivo más grande de su carrera.
El doblete neerlandés se completó con la plata de Kok, mientras que Takagi se quedó con el bronce tras registrar 1:13.95. Entre rivales y compañeras, el cierre fue con abrazo incluido, símbolo de una competencia de altísimo nivel.
Desde las tribunas, el festejo también tuvo un protagonista inesperado: Jake Paul, prometido de Leerdam, siguió la carrera con los nervios a flor de piel y celebró con euforia el oro, una imagen que rápidamente se viralizó en las pantallas del estadio y en las redes sociales.
Seis veces campeona del mundo, Leerdam sumó así su primer oro olímpico, luego de la plata conseguida en Beijing 2022. En unos Juegos marcados por los récords y las grandes actuaciones, su nombre quedó grabado en el hielo.
Récord, oro y emoción pura. Leerdam no solo ganó: confirmó su lugar entre las grandes. En el hielo de Milano Cortina, su nombre quedó grabado como el de una campeona que convirtió velocidad en historia y una carrera perfecta en eternidad olímpica.
