Sin excusas: el sello de Javier Rabanal en Universitario

Foto: Miguel Marruffo - Pressinphoto/Sipa USA/TT

Sorprende en Sudamérica que un entrenador, teniendo la oportunidad perfecta para victimizarse, decida no hacerlo. Eso fue precisamente lo que ocurrió este fin de semana con Javier Rabanal, técnico de Universitario de Deportes.

Tras el polémico arbitraje de Kevin Ortega —que sancionó un penal inexistente contra los merengues— el escenario parecía ideal para cargar contra el juez y capitalizar la indignación. Sin embargo, el entrenador tinerfeño optó por otro camino. Reconoció la molestia, pero marcó distancia de la excusa fácil. “Nosotros podemos trabajar en lo que podemos mejorar”, reflexionó con serenidad.

Rabanal fue más allá. Señaló que, si Universitario hubiese concretado las ocasiones que generó, la conversación no giraría en torno al árbitro. Incluso asumió una autocrítica poco habitual: admitió que el porcentaje de precisión en los pases estuvo por debajo de lo esperable en un equipo profesional. En lugar de agitar el entorno, presionar públicamente a los jueces o buscar complicidad emocional con hinchas y plantel, eligió poner el foco en los aspectos que su equipo debe corregir.

El empate en Cusco, ante el vigente subcampeón peruano, no es un mal resultado. Pero por el desarrollo del partido quedó la sensación de que Universitario pudo llevarse más. Y esa inconformidad, lejos del reclamo externo, parece nacer desde el propio entrenador.

Otro rasgo que distingue a Rabanal es su disposición a reconocer méritos individuales y colectivos. Tras el partido ante ADT destacó públicamente el trabajo de su asistente, Santiago Gonzales Lemus, en la jugada preparada que terminó en gol de Valera. “El tanto que abre el partido me pone muy contento, es trabajo de Santi, que se encargó personalmente de entrenar esa jugada”, explicó.

Tampoco tuvo reparos en valorar lo hecho por sus antecesores. Recordó que la pelota quieta ha sido un sello distintivo del equipo bajo las gestiones de Jorge Fossati y Fabián Bustos, y celebró poder darle continuidad a esa virtud. En un medio donde muchas veces se construye desde la ruptura, Rabanal eligió la línea de la coherencia.

Son apenas los primeros pasos del técnico español en Universitario, pero su liderazgo ya deja señales claras: autocrítica antes que excusas, trabajo antes que ruido. Y, de momento, el camino parece avanzar con firmeza.