Buse y el fuego sagrado de los imposibles

Foto: Mathias Schulz - ZUMA Press Wire/TT

Hay momentos clave en la vida de un deportista. Instantes que revelan la verdadera temperatura de sus entrañas, que exponen si se posee o no el fuego sagrado de los grandes. Ignacio Buse enfrentó ayer una de esas pruebas.

El “Colo” llegaba golpeado. Una rebelde lesión en el talón de Aquiles lo dejó fuera del Abierto de Australia y también le impidió representar al Perú en singles durante la serie de Copa Davis frente a Alemania en Düsseldorf. Dos sueños postergados. Dos heridas recientes.

Y el regreso no ofrecía concesiones: debut complicado en el Open de Buenos Aires, tras un viaje extenuante, ante Francesco Passaro. Para añadir dificultad, el italiano es especialista en tierra batida, justamente la superficie del torneo.

Desde el inicio quedó claro que Passaro —quien había derrotado a Buse en dos de sus tres enfrentamientos previos— estaba físicamente más entero. Se llevó el primer set por 7-5 y en el segundo profundizó su dominio hasta colocarse 5-1. Incluso dispuso de puntos de partido. Todo parecía sentenciado.

Pero es en esos escenarios dramáticos donde se mide el carácter. Y ahí renació el espíritu guerrero del peruano. Se le aceleró la sangre, empezó a jugar como si cada punto fuera el último y, contra todo pronóstico, levantó un set que el estadio ya daba por perdido.

En la manga definitiva, el golpe anímico fue demasiado para Passaro. Mientras el italiano acusaba el impacto de la remontada, Buse resistía con la cabeza cuando las piernas ya no respondían. Fue inteligencia, convicción y coraje. Fue fe cuando el cuerpo flaqueaba.

La incredulidad se apoderó de las tribunas. Buse había ganado un partido imposible.

Ahora lo espera Sebastián Báez, en uno de los mejores momentos de su carrera. El desafío es enorme. Pero Nacho ya demostró que sabe dibujar proezas cuando todo parece jugar en su contra.

La mano viene durísima. Y así es como le gusta a Buse.