La Academia de Costas demostró que lo del partido anterior no fue un espejismo. Metió su segunda victoria al hilo en el Torneo Apertura, dejó atrás ese arranque oscuro con tres derrotas seguidas y, mientras espera que se complete la fecha, ya se acomodó en el séptimo lugar de la Zona B.
El primer tiempo tuvo de todo: polémicas y eficacia. A Banfield le anularon un gol que dio que hablar y también quedó flotando la sensación de que Baltasar Rodríguez pudo haber visto la roja. Hasta ahí, el Taladro era más. Había arrancado con decisión, manejaba mejor los tiempos y jugaba más cerca del arco rival.
Pero el fútbol no perdona detalles y distracciones. En una jugada suelta, Tomás Conechny ganó en lo alto, la pelota quedó viva y Marco Di Césare la mandó a guardar. Primer grito con la camiseta de Racing y un guiño para los que lo siguen desde Brasil.
Después llegó otro golpe. En un córner, el pibe Tiziano Perrota, que juega muy bien, dejó el brazo extendido y cometió un penal evitable, de esos que se pagan caros. Maravilla no dudó y cambió la falta por gol. Sin brillar demasiado, Racing fue práctico y contundente: pegó en los momentos justos y se fue al descanso con una ventaja que explicó más su efectividad que su juego.
En el complemento, la Academia hizo lo que tenía que hacer: administrar. Maravilla tuvo un par para liquidarlo, casi le convierten un gol olímpico y otra vez quedó en evidencia que a Carboni le está costando adaptarse, ya sea desde el arranque o entrando desde el banco. El partido fue perdiendo ritmo y emociones, y el cierre terminó marcando dos realidades distintas: Racing empieza a afirmarse en zona de pelea, mientras Banfield se hunde en la tabla anual y el fantasma del descenso ya no parece tan lejano.
