El 3-0 del Barcelona impresiona a primera vista y alimenta el orgullo culé, pero el que terminó festejando fue el Atlético de Madrid. Porque las series no se explican en 90 minutos, sino en 180. Y en el global, el equipo del Cholo hizo pesar todo lo que había construido en el primer cruce.
Los de Hansi Flick salieron decididos a cambiar la historia. Empujaron desde el arranque, arrinconaron por momentos y llegaron a creer en la hazaña. Hubo intensidad, juego y carácter. Pero el esfuerzo quedó a mitad de camino.
Estas eliminatorias no se ganan solo con una noche inspirada. Avanza el que golpea cuando tiene que golpear y, sobre todo, el que sabe resistir cuando le toca sufrir. Y en ese terreno el Atlético volvió a mostrarse sólido, compacto, fiel a una identidad competitiva que no negocia.
Trece años después de aquella final inolvidable ante el Real Madrid de José Mourinho en el Bernabéu en 2013, el conjunto rojiblanco volverá a pelear por la Copa. Será la undécima final de Simeone al frente del club, un número que habla por sí solo. Le alcanzó con el gran trabajo de la ida y una revancha cargada de entrega, solidaridad y sacrificio. Cuando se consigue el objetivo, las formas pasan a segundo plano. Y en ese recorrido volvió a aparecer Juan Musso, determinante en esta serie y también en fases anteriores, como ante el Baleares.
El Barça, en cambio, se va con bronca, pero sin grandes reproches. Jugó su partido local con muy buen fútbol, intensidad y personalidad. Pagó caro aquella ida en la que fue una sombra y terminó quedando afuera por un margen mínimo. Pedri sostuvo un nivel altísimo, Cubarsí respondió con autoridad y Marc Bernal dejó claro que, pese a su juventud y tras regresar de una lesión grave, tiene madera de volante formado en La Masía. Esta vez, sin embargo, no alcanzó.
La final será el 18 de abril en La Cartuja, donde el Atlético aguardará por uno de los equipos vascos. Y si supera su cruce de Champions ante el Tottenham Hotspur, el calendario podría volver a cruzarlo con el Barcelona en otra serie de ida y vuelta. El fútbol, a veces, ofrece revancha antes de lo esperado.
