Boca fue otro equipo. Y se notó desde el arranque ante Lanús, que todavía parecía sentir el trajín y la resaca de la Recopa. Más intenso, más ordenado y mucho más convencido de lo que hacía. Ganó 3-0 en la Fortaleza con autoridad, apoyado en rendimientos altos y una defensa firme. En medio de un clima de dudas, dio la cara cuando más lo necesitaba y firmó una de las mejores actuaciones desde que asumió Úbeda.
En el primer tiempo manejó la pelota y el ritmo casi a voluntad. Delgado, Paredes y Ascacibar le dieron equilibrio y claridad al mediocampo, que fue el corazón del equipo. Y hay que decirlo: Tomás Aranda cambió la ecuación. El acierto de Úbeda al cerrarlo desde la izquierda hacia el centro potenció su talento y también el de sus compañeros. Con apenas 18 años, el pibe juega con desparpajo y empieza a convertirse en una pieza clave de este Boca que busca reinventarse.
Ascacibar, adelantado unos metros, abrió el partido con un remate que se desvió y descolocó al arquero. Después, Merentiel estuvo atento para capturar un rebote tras una buena jugada entre Blanco y Aranda. Así, Boca se fue al descanso 2-0 arriba, dominando por las bandas y con el mediocampo mandando en el partido.
En el segundo tiempo apareció la mejor versión de Leandro Paredes. El campeón del mundo metió un pase filtrado de esos que rompen defensas y dejó a Merentiel mano a mano para el 3-0. Doblete del uruguayo, que volvió a encontrarse con el gol y con la confianza.
Úbeda, satisfecho con la respuesta del equipo, esperó hasta los 40 del complemento para mover el banco con los ingresos de Belmonte y Zufiaurre. Y en el cierre, Marchesín tuvo su atajada para sostener el arco en cero.
Ahora se viene San Lorenzo el miércoles. Pero más allá de los tres puntos, Boca recuperó algo más profundo: seguridad, identidad y señales claras de crecimiento. El mediocampo empieza a salir de memoria y Tomas Aranda ya es de esos jugadores que hacen levantar a la gente de la platea. De los que invitan a ilusionarse.
