A diez semanas de empezar la defensa del título, la Selección Argentina le ganó 2-1 a Mauritania en un amistoso que dejó más enojos y bostezos que alegrías. Fue un partido que encendió algunas alarmas, tanto dentro del plantel como en la prensa y entre los hinchas, justo antes del debut mundialista frente a Argelia.
Mauritania, ubicada en el puesto 115 del ranking FIFA, llegó con la ilusión de ver de cerca a Messi, pero con el correr de los minutos se animó más de la cuenta: encontró espacios y aprovechó ciertas facilidades inesperadas en un partido que, para varios de sus jugadores, tenía un valor especial.
Después del encuentro, el arquero argentino, Emiliano Martínez, no anduvo con vueltas y dejó una autocrítica poco habitual: “Fue uno de los peores partidos que jugamos, más allá de que sea un amistoso. Faltó intensidad, juego y velocidad. Es algo que hay que analizar. Cuando nos ponemos la camiseta de la selección, tenemos que hacerlo mucho mejor”. Dejando de lado el resultado, el foco estuvo claramente puesto en el rendimiento.
Y no se quedó ahí. Con una cuota de ironía, el Dibu soltó: “Menos mal que se canceló, si jugábamos así perdíamos”, en referencia a la Finalissima contra España, que finalmente no se disputó por falta de acuerdo en la sede. Una frase que dejó en evidencia la preocupación que hay puertas adentro.
Las razones pueden ser varias: la rotación, la falta de ritmo o de intensidad. Pero lo que más inquieta es otra cosa: este equipo, que supo construir una identidad a partir del compromiso y la entrega, por momentos pareció olvidarse de eso que lo hacía distinto; poner la camiseta por encima de cualquier rival y de cualquier contexto.
