Sergio Pérez regresó a la Fórmula 1, pero el camino no ha sido sencillo. Después de un año lejos de la parrilla, el piloto mexicano volvió con la motivación intacta y con la conciencia de que el camino que tenía por delante no sería inmediato ni fácil.
Ahora, con la escudería Cadillac, representa más que un simple cambio de equipo. Es el inicio de un proyecto que todavía está tomando forma, con muchas piezas por acomodarse y con el objetivo de crecer paso a paso dentro de la categoría más exigente del automovilismo.
Las primeras carreras de la temporada 2026 han mostrado una realidad clara: Cadillac aún está en proceso de adaptación. En el Gran Premio de Australia y China, el equipo terminó lejos de la zona de puntos, evidenciando la brecha que todavía existe frente a las escuderías más consolidadas. Sin embargo, dentro de la escudería el enfoque ha sido sereno y consciente del momento que vive el equipo.
Más que buscar resultados inmediatos, la prioridad ha sido terminar carreras, comprender el comportamiento del monoplaza y reunir la mayor cantidad posible de información para el desarrollo.
Checo Pérez lo sabe bien. Con la experiencia que le han dado sus años en la Fórmula 1, el mexicano mantiene una mirada realista, pero también esperanzadora. Ha reconocido que el punto de inflexión podría llegar antes del parón de verano, cuando las mejoras del auto comiencen a notarse en pista.
Mientras tanto, Checo sigue enfocado en aportar, en guiar al equipo con su experiencia y en construir, carrera tras carrera, una base sólida para el futuro.
