Este lunes, la pelota empieza a rodar para Bélgica y Egipto en el Lumen Field de Seattle, en lo que será el debut de ambos en el Grupo G del Mundial 2026. Para los Diablos Rojos no hay margen de error: un tropezón de entrada contra una de las potencias africanas podría costar carísimo.

La gran incógnita pasa por saber qué versión de Bélgica vamos a ver. Aquella famosa "generación dorada" que tocó el cielo con las manos al salir tercera en Rusia 2018 sufrió un golpazo durísimo hace cuatro años, armando las valijas en la primera ronda de Qatar. Con varios referentes jugando posiblemente sus últimas fichas mundialistas, medir el verdadero potencial del equipo es una timba.
Rudi García se debate en un rompecabezas para armar el ataque. Mientras Jérémy Doku es una fija y una fiera incontrolable por la izquierda, el DT busca el socio ideal del otro lado: Leandro Trossard, Dodi Lukebakio, Alexis Saelemaekers y, un escalón atrás, Diego Moreira, pelean por ese lugar. Todo esto, claro, cruzando los dedos por el estado físico de Romelu Lukaku, el eterno gran interrogante de los últimos tiempos.
Del otro lado están los Faraones, que llegan a Seattle con andar irregular: cosecharon dos triunfos, un empate y dos derrotas en sus últimas presentaciones. Eso sí, tienen con qué asustar. La bandera del equipo sigue siendo el intratable Mohamed Salah; el capitán lleva 67 goles en 116 partidos y conserva ese fuego sagrado de los distintos. Para colmo, no está solo: al lado tiene a Omar Marmoush, el delantero del Manchester City que ostenta 11 gritos en 50 partidos y promete ser una pesadilla para el fondo belga.
