El Bodø/Glimt se metió en los libros grandes del fútbol europeo. En una serie que ya es historia, sacó del camino nada menos que al subcampeón de la última UEFA Champions League, el Inter de Milán, y lo dejó afuera en la instancia de play-offs. Lo hizo sin especular: con valentía, intensidad y una convicción que no se negocia.
La historia empezó en Noruega con un 3-1 exagerado por lo que pasó en la cancha. Y terminó en Italia, donde lejos de tirarse atrás, el Bodø/Glimt volvió a imponer condiciones: ganó 2-1 como visitante y selló su pase a los octavos de final.
Nada de esto fue casualidad. A lo largo de la temporada, el equipo noruego ya había dado señales claras de su nivel: le ganó al City de Pep Guardiola y también supo imponerse ante el Atlético de Madrid de Diego Simeone. Resultados que explican que lo del Inter no fue un golpe aislado, sino la confirmación de un proceso.
Durante años mirado de reojo, incluso dentro del propio fútbol noruego, el equipo de Kjetil Knutsen decidió romper con ese destino menor. Cambió la lógica: dejó de resistir para atacar, priorizó la cabeza por sobre el músculo y entendió que competir no alcanza si no se busca dominar. Pasó de acompañar a protagonizar. Ya no espera que pase algo extraordinario: lo genera.
Desde un rincón remoto del mapa europeo, casi donde termina el fútbol, este club demostró que se puede llegar más lejos. Con una identidad única y una fortaleza mental trabajada, convirtió lo improbable en posible. Así se construye una de las historias más fuertes del fútbol actual: la de un equipo del Ártico que se animó a desafiar a los gigantes donde el mundo se termina.
