Como suele pasar en muchas noches europeas, el Real Madrid tuvo que convivir con el sufrimiento. La presión alta y sostenida de un Benfica intenso, sumada a un primer tiempo donde no salía nada, invitó por momentos a pensar que la clasificación se escapaba. Aun así, el Madrid sacó adelante la serie, se metió en octavos y ahora aguarda el sorteo del viernes, que bien podría cruzarlo otra vez con Pep Guardiola y su Manchester City.
Como ya había ocurrido en la ida, el punto más alto fue Aurélien Tchouaméni. Se adueñó del mediocampo incluso en la comparación con un futbolista de peso como Federico Valverde, y le sumó un detalle que marca diferencias: el gol. Tiene un remate fuerte de media distancia, aunque todavía su influencia aparece lejos del área rival.
Los méritos para el planteo directo y espinoso de José Mourinho. También hay que señalar el nivel de las individualidades del Benfica, un club que desde hace años demuestra un olfato especial para detectar talento y hacerlo rendir.
El noruego Andreas Schjelderup encontró espacios a espaldas de Trent Alexander-Arnold cada vez que el Madrid se soltó en ataque. A eso se le sumó la buena sociedad entre Rafa Silva y Vangelis Pavlidis, que complicó de manera constante a la defensa blanca. El bosnio Amar Dedić sostuvo un duelo intenso con Vinícius Júnior, pero con jugadores de ese calibre basta un par de acciones para cambiar el partido: se pueden ganar casi todos los cruces y aún así pagar caro los pocos desequilibrios.
La clasificación del Madrid es justa. Fue superior en el global, más allá de los puntos altos del equipo portugués y del valor táctico que aportó Mourinho. De todos modos, quedan detalles por ajustar: el retroceso por las bandas, sobre todo cuando atacaron el sector de Trent y la falta de peso en el juego interior. Los equipos que saben jugar estas instancias manejan los momentos más complejos desde la mitad de la cancha. El Madrid lo aprendió hace tiempo.
Y mientras tanto, en el Bernabéu vuelve a encenderse una pequeña luz de optimismo: la resurrección de Vinícius de la mano de Álvaro Arbeloa y su liderazgo futbolístico, en un contexto condicionado por la ausencia de Kylian Mbappé.
