El equipo blanco aterriza este martes en Lisboa para verse otra vez con el Benfica de José Mourinho. Sí, otra vez: no pasó ni un mes y estos dos pesos pesados del fútbol europeo ya se cruzan de nuevo. Esta vez será en el imponente Estádio da Luz, con sus 65 mil lugares listos para empujar. Caprichos del calendario, la serie de dieciseisavos llega apenas tres semanas después del cruce que tuvieron en la fase de liga.
El Benfica sigue mostrando que es una referencia cuando se habla de formación. Al recorrido y la experiencia del plantel se le suma la frescura de Anisio Cabral, zurdo, atrevido, destacado en el último Mundial Sub-17. Un pibe que ilusiona y que confirma que en Lisboa el semillero no se detiene.
Del otro lado, el Real Madrid llega entonado tras una buena actuación frente a la Real Sociedad en La Liga. La semana pinta brava y decisiva: puede ser el envión que termine de acomodar al equipo en la temporada o, si las cosas salen mal, el punto de partida de cambios fuertes en el plantel y hasta en el banco. En Madrid lo saben: una mala noche te da vuelta todo. Pero también saben que la historia del club está escrita a base de hazañas. Hay motivos para creer: el crecimiento de Tchouaméni, el gran momento de Vinícius Jr. y ese aire nuevo que aportan las subidas de Trent Alexander-Arnold por afuera.
Y, claro, la lupa también apunta a Mourinho. Su nombre sigue pesando en el Santiago Bernabéu. Entre 2010 y 2013 dejó títulos, Liga, Copa del Rey y Supercopa de España. Fiel a su estilo, ya calentó la previa con una frase que no pasó desapercibida: “Debo de ser de los pocos entrenadores que han salido del Madrid sin ser despedido. Si te marchas por decisión propia, lo haces con el alma limpia”.
Más allá de etiquetas y favoritismos de los españoles, para Mourinho esta serie vale mucho. Eliminar al Madrid sería un golpe de efecto para volver a meterse en la conversación grande del fútbol europeo, ya sea para regresar a un club top o para posicionarse como opción en la selección portuguesa después del Mundial.
