¿Justicia o milagro? Por qué el empate "a la uruguaya" del Pirata es el mensaje que Chile necesitaba

Empatarle a Nacional de Montevideo en el último suspiro, "a la uruguaya", es de esas cosas que se van a contar por décadas en el puerto.
Foto: Cuenta oficial de Coquimbo Unido en X.com (@coquimbounido)

Señores, pónganse de pie y aplaudan, porque lo que vivimos anoche en el Sánchez Rumoroso no fue un simple partido de fútbol; fue una declaración de principios. Después de 34 años de espera, el “Pirata” volvió a la Copa Libertadores y lo hizo como mandan los libros: con el corazón en la mano, empujando hasta que no quedaba aliento y devolviéndoles a los uruguayos una dosis de su propia medicina.

Empatarle a Nacional de Montevideo en el último suspiro, “a la uruguaya”, es de esas cosas que se van a contar por décadas en el puerto. Aquí les dejo mi análisis de una noche que nos dejó a todos en Chile con el pecho inflado.

El show del “Mono” Sánchez

Antes de entrar en el pasto, hablemos de Diego “Mono” Sánchez. El tipo es un personaje total que le hace bien al fútbol. Salió a la cancha con un look “maradoniano” que ya tenía a los uruguayos descolocados antes de empezar, pero lo más importante es que respondió cuando las papas quemaban.

Incluso, la prensa charrúa quedó alucinando con su despliegue y esa personalidad que tiene para adueñarse del arco. Si Coquimbo se mantuvo con vida cuando el “Bolso” intentaba cerrar el boliche, fue en gran parte por la seguridad que transmitió el Mono.

El golpe de Coates y el asedio pirata

El trámite fue parejo, pero seamos honestos: Coquimbo fue el que siempre propuso más. Sin embargo, en la Copa no se merece, se hace. Nacional, con ese oficio que los hace tan peligrosos, aprovechó la única clara que tuvo en el primer tiempo. El cabezazo de Sebastián Coates fue un balde de agua fría, justo cuando el equipo de Hernán Caputto mejor se veía.

Cualquier otro equipo se habría desmoronado ante un tricampeón de América, pero el barco del Pirata tiene otra madera. El segundo tiempo fue un monólogo de empuje. Caputto soltó las amarras y el Pirata se fue encima de un Nacional que, fiel a su historia, se defendió con los dientes.

(Photo by Alejandro PIZARRO / PHOTOSPORT / AFP)

Justicia en el 95’: el desahogo de Manuel Fernández

Cuando parecía que los tres puntos se iban para Montevideo, apareció la jerarquía de los que saben estar en el lugar justo. Un remate furioso de Lucas Pratto (qué importante es tener tipos con esa espalda en estos partidos) forzó el rebote del arquero Suárez, y ahí estaba Manuel Fernández para mandarla a guardar.

El Sánchez Rumoroso casi se viene abajo. No era solo un empate; era la recompensa a un equipo que no se achicó ante la historia y que demostró que en el puerto se juega con el cuchillo entre los dientes.

La reflexión final

Lo de anoche nos deja un Grupo B totalmente abierto, con todos los equipos en igualdad de condiciones, pero con Coquimbo con un envión anímico que vale oro. Volvieron a la máxima cita continental después de tres décadas y demostraron que no están de paso.

¿Creen que este empate agónico es el impulso que Coquimbo necesita para dar el golpe y clasificar en un grupo tan apretado, o la falta de finiquito les puede pasar la cuenta más adelante?

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