Dicen que para contratar un jugador no solo hay que analizar sus características de juego, lo que pueda aportar tácticamente en un esquema o la experiencia y el recorrido que tenga antes de llegar a un club, sino que también se debe conocer a la persona, indagar en su forma de ser, en el temperamento que posea en momentos límites y aunque suene poético en la similitud de su ADN con el de la institución a la que llega.
Si toda esa evaluación arroja resultados positivos, el riesgo de equivocarse se disminuye con creces. Esto ha ocurrido en Universitario de Deportes con uno de sus refuerzos de la temporada. Caín Fara, de los primeros en ser anunciado a inicio de año. El defensor argentino llegó procedente del club Atlético Atlanta del ascenso de su país. Tácticamente muy ordenado y polifuncional en la zaga. Fuerte, aguerrido, con buen juego aéreo y un uno contra uno destacado. Seguramente, factores que llevaron a decidir su contratación.
Pero más allá de todo eso que sin duda es importante, Álvaro Barco y compañía vieron más allá de lo perceptible. Caín Fara es un defensor hecho para Universitario: aguerrido, vehemente, agresivo para la marca y que se toma casi como personal un duelo contra el extremo que le toca marcar. Entiende además, el sentir de la gente, festeja sus quites como un gol, sus cierres como una asistencia y defiende al ritmo del corazón de la tribuna.
Anoche en el Monumental estuvo impasable, no perdió un solo duelo, fue el verdugo de Eryc Castillo en el primer tiempo y cuando éste cambió de punta en la segunda parte, se encargó de Kevin Quevedo sin dejarlo desequilibrar como suele hacer el atacante aliancista.
Fue la figura del clásico. Lo disputó como si tuviera varios en la espalda y fue su primera vez. Sin duda, un jugador hecho para la U y que por ahora se consolida como su mejor refuerzo del año.
