Horacio Melgarejo parece no encontrar límites cuando pierde el control. Lo ocurrido en Matute, durante la derrota de Cienciano ante Alianza Lima, no constituye un episodio aislado de indisciplina, sino un nuevo capítulo de una conducta que acumula antecedentes y que vuelve a poner en entredicho su responsabilidad como entrenador.
Su expulsión en los minutos finales fue apenas el comienzo. Al abandonar el campo, realizó el gesto de la ‘U’ frente a la tribuna blanquiazul, en una provocación innecesaria que encendió los ánimos. El enfrentamiento con Franco Navarro, director deportivo de Alianza Lima, elevó todavía más la tensión y obligó a intervenir al personal de seguridad. Después llegaron las disculpas, pero el daño ya estaba hecho.
La gravedad del episodio se entiende mejor al revisar su historial. En 2025, cuando dirigía a ADT, perdió los papeles contra el árbitro Michael Espinoza y recurrió a una expresión vulgar para involucrar a su hermana. Este año, durante una conferencia de la Copa Sudamericana, descalificó públicamente a los periodistas cusqueños y cuestionó su capacidad profesional. Más tarde, tras la eliminación de Cienciano de la Copa de la Liga, despreció el torneo con expresiones ofensivas.

Aquella última conducta le costó una suspensión de un año impuesta por la FPF. Actualmente puede dirigir gracias a una medida cautelar del TAS, mientras espera una resolución definitiva sobre su caso.
Y es precisamente ahí donde su comportamiento adquiere mayor dimensión. No se trata solamente de un entrenador que pierde la compostura: es alguien que tiene pendiente una sanción de considerable gravedad y que, pese a ello, vuelve a protagonizar un acto que compromete su imagen y la del club que representa.
Las disculpas posteriores no pueden convertirse en un recurso habitual para administrar los excesos. Melgarejo no necesita otra explicación: Necesita entender que dirigir también implica representar, respetar y asumir responsabilidades. El fútbol peruano no debería acostumbrarse a que la falta de respeto sea presentada como una cuestión de temperamento.
