Universitario volvió a demostrar por qué es uno de los grandes candidatos del Torneo Clausura. Cuando el partido parecía encaminado a un empate que dejaba un sabor amargo en el Monumental, apareció el hombre que toda la tribuna esperaba. Gianluca Lapadula necesitó apenas quince minutos en el campo para marcar el gol agónico que selló el triunfo 1-0 sobre Cusco FC y desató la fiesta crema.
No fue su debut oficial, porque ya había sumado poco más de diez minutos en Tarma durante la fecha anterior. Sin embargo, esta fue su verdadera carta de presentación ante su gente. Ingresó en reemplazo de Jesús Castillo cuando el reloj apremiaba y respondió como lo hacen los delanteros de jerarquía: apareciendo en el momento decisivo.
El tanto no solo significó tres puntos. También alimentó la ilusión de un equipo que encuentra variantes para resolver partidos cerrados. Universitario insistió durante toda la noche, chocó con una defensa bien plantada y recién encontró el premio cuando su flamante refuerzo hizo honor a la fama que lo acompaña desde Europa y la selección peruana.
Para Lapadula, el gol representa un envión anímico ideal para acelerar su adaptación al fútbol peruano y fortalecer su confianza en esta nueva etapa. Para Universitario, en cambio, es la confirmación de que ahora cuenta con un futbolista capaz de cambiar el destino de un encuentro con una sola intervención.
Los grandes delanteros viven de los goles. Lapadula tardó apenas dos partidos en escribir el primero con la camiseta crema. Y por la forma en que llegó, es uno de esos tantos que pueden marcar el inicio de una historia especial.
