En dos semanas se inicia el torneo peruano y algunos cambios en las bases se anunciaron en los últimos días. Uno de ellos es la posibilidad de los equipos de contar con siete futbolistas extranjeros en cancha, superando los seis que se tenían permitidos hasta el 2025 y los cinco que podían estar hasta el 2024.
La pregunta cae por sí sola. ¿Esto es un obstáculo para la promoción de jóvenes o aparición de ellos en la escama futbolística del Perú? Es muy probable que sí. Al poder armar casi un equipo titular con jugadores foráneos, el espacio para los nacionales se reduce, sobre todo para chicos de las canteras que esperan su oportunidad. Si a eso se le suma que se puede disponer de elementos nacionalizados, las posibilidades de que aparezca alguna promesa es casi nula.
Sin embargo, más allá de las bases o lo que se pueda establecer antes de jugar un torneo, el problema principal sigue estando en la formación de futbolistas en el Perú. Si los clubes aceptan o -probablemente- solicitan este tipo de cambios es porque sienten que la presencia de más jugadores del exterior puede potenciar la competitividad de sus instituciones, sobre todo a nivel internacional, algo que no perciben en sus divisiones menores.
Si bien es función de la organización del torneo, gestionar de la mejor manera una serie de bases que fomenten la aparición de jugadores que en un futuro le puedan servir a los clubes y a la selección, también es verdad que al no tener el mejor trabajo a nivel formativo y por ende no alcanzar resultados en el mediano plazo, es muy difícil que quienes llegan a trabajar al primer equipo se fijen en lo que viene detrás y por tanto confíen en ellos de cara a la confirmación de un plantel profesional.
Dos aristas que deben ir de la mano y mejorar para poder subir jugadores de menores a primera y con el tiempo, exportar mayor cantidad de futbolistas al exterior.
