El inicio de la llamada Fiesta Grande se vivió en el Estadio Universitario, con el duelo de ida de los cuartos de final. Los Tigres de Guido Pizarro recibieron a las Chivas dirigidas por Gabriel Milito, en un escenario donde los rojiblancos llegaban mermados por múltiples convocatorias a selección.
A pesar del contexto, fue el Rebaño Sagrado quien golpeó primero. Al minuto 10, tras una buena asistencia de Omar Govea, Ricardo Marín definió para abrir el marcador, sorprendiendo a la afición felina, que, lejos de apagarse, intensificó su apoyo.
Tigres reaccionó de inmediato. Ángel Correa tuvo una oportunidad clara dentro del área, pero no logró concretar ante la salida de Óscar Whalley. Posteriormente, Rodrigo Aguirre y Juan Brunetta pusieron a prueba al arquero rojiblanco, quien respondió con solvencia.
La insistencia felina rindió frutos justo antes del descanso. Al minuto 45, en un tiro de esquina, Jesús Angulo apareció en el área chica para marcar de cabeza el empate 1-1.
El complemento mantuvo la misma tónica, con un Tigres dominante. Al 52’, un centro de Fernando Gorriarán encontró a Brunetta, quien, con una volea, firmó el 2-1. La noche se complicó aún más para Chivas: apenas tres minutos después, al 55’, un contragolpe letal terminó con el gol de “Chicha” Sánchez, nuevamente tras asistencia de Gorriarán, ampliando la ventaja a 3-1.
El equipo de Milito intentó reaccionar, pero sus ataques carecieron de claridad y profundidad ante la seguridad de Nahuel Guzmán. Con el paso de los minutos, las esperanzas rojiblancas se fueron diluyendo.
Tras cinco minutos de compensación, el árbitro decretó el final del encuentro. Ahora, Chivas está obligado a ganar por al menos dos goles en el partido de vuelta en Guadalajara si quiere mantenerse con vida en el Clausura 2026.
