Boca se llevó tres puntos de oro de una visita siempre incómoda como Córdoba: fue 1-0 ante Talleres. Pero más allá del resultado, el equipo volvió con algo más que una victoria: sensaciones que invitan a ilusionarse. Merentiel sigue en alza, Aranda empieza a perfilarse como ese distinto, fue la figura de la noche, la defensa alternativa respondió con firmeza y, para completar, se dio el regreso de Giménez. Buenas señales en la previa del debut en la Copa.
El partido, por momentos, lo sostuvo la claridad de Aranda y la potencia de Merentiel. De hecho, así generó lo más peligroso, como esa contra cerca del cierre del primer tiempo. También hubo puntos flojos: algunas salidas imprecisas de Brey, la falta de seguridad de Barinaga y un mediocampo que sintió la ausencia de Paredes. Delgado quedaba demasiado solo y Ander Herrera siempre aparecía lejos de la jugada. En ese contexto, Boca tuvo que bancarse los buenos pasajes del brasileño Rick, de lo mejor de Talleres, mientras que Bareiro, arriba, luchaba más de lo que jugaba.
Con una hora de partido, Úbeda metió mano en el medio: mandó a la cancha a Paredes y Ascacíbar por Belmonte y Herrera. El cambio no se sintió de inmediato y el trámite siguió pasando por lo que podían generar Valoyes y Rick, que seguían complicando a la última línea xeneize.
El gol llegó con una acción bien armada entre los de arriba: Aranda encontró el hueco a espaldas de los volantes, avanzó como enganche y abrió para Merentiel, que resolvió con inteligencia para dejar solo a Bareiro, que no perdonó y puso el 1-0.
También hubo lugar para el regreso de Giménez, que no jugaba desde el año pasado. Y como suele pasar con Boca, el final no fue apto para cardíacos: sobre la hora, el propio Giménez estuvo a nada de meterla en contra y arruinarlo todo. No pasó, y el equipo se quedó con una victoria tan sufrida como valiosa.
