Boca quedó eliminado del Apertura tras perder 3-2 con Huracán en el alargue de una noche cargada de tensión en La Bombonera. El partido tuvo de todo: goles, penales discutidos, expulsiones y decisiones que volvieron a dejar en el centro de la escena al cuerpo técnico. El Xeneize se despidió del torneo en su casa y ahora le apunta de lleno a la Copa Libertadores, el único objetivo que le queda para intentar enderezar un año que pareció desvanecerse en un tiempo suplementario.
Huracán golpeó rápido y sorprendió a Boca desde el arranque. Apenas iban cinco minutos cuando Leonardo Gil aprovechó un error de Milton Delgado, recuperó tras una presión alta y definió cruzado para poner el 1-0. A partir de ahí, el equipo de la Ribera tomó la iniciativa y manejó gran parte del desarrollo, con presión adelantada y recuperaciones rápidas para intentar arrinconar al Globo. Sin embargo, chocó una y otra vez con Hernán Galíndez, figura clave de la noche. Boca insistió mucho por las bandas y abusó de los centros, pero le faltó claridad para romper la resistencia rival.
En el segundo tiempo el equipo se fue apagando. Perdió intensidad, dejó de generar peligro y terminó llegando al alargue más por empuje que por juego, sostenido por el empate de Milton Giménez tras una jugada discutida y de rebote. Ya en la prórroga, dos penales terminaron de condenarlo. Más allá de la polémica alrededor de las decisiones, también quedaron expuestas desatenciones defensivas difíciles de explicar. El desgaste físico pesó, sobre todo pensando en el compromiso de Copa de mitad de semana, y otra vez el equipo mostró falta de respuestas desde el banco, sin variantes ni reacción táctica para cambiar el rumbo del partido.
Con este escenario, Boca deberá enfocarse en la Copa Libertadores, donde se jugará gran parte de su semestre. El martes 19 recibirá a Cruzeiro en la Bombonera y el jueves 28 volverá a ser local frente a Universidad Católica, en dos encuentros decisivos para seguir con chances de avanzar a los octavos de final.

