La estatua de Gallardo se tambalea

El entrenador de River Plate, Marcelo Gallardo, gesticula durante el partido del Torneo Clausura 2025 de la Liga Profesional Argentina entre Boca Juniors y River Plate en el estadio La Bombonera, en Buenos Aires, el 9 de noviembre de 2025. (Foto: Luis ROBAYO / AFP)

Del que “la gente crea”, a que el hincha ya no cree. Gallardo pasó de una devoción religiosa a ser señalado como máximo responsable de este crítico momento de River. 

Si el golpe frente a Tigre en el Monumental se consideraba íntimamente un hecho aislado, la derrota frente a Argentinos Juniors en Paternal demuestra que la confusión es de un ciclo que arrastra 12 derrotas en los últimos 18 partidos y que no parece tener soluciones a la vista.

La continuidad de Marcelo Gallardo puede ponerse en duda en agenda de los medios, de las redes sociales y hasta del público, pero el escenario en la toma de decisiones es complejo. Para Stefano Di Carlo, presidente que fue promovido por el propio técnico, no sería una determinación sencilla. Y para el propio Gallardo, su ego y convicciones se anteponen a la propia realidad. Deberá darse un marco de debacle para que los propios hechos, de manera irreversible, sentencien el final.

Desde lo futbolístico, River tiene una anemia ofensiva inquietante. Tras la partida de Borja, la decisión no fue buscar un centrodelantero en el mercado, sino sostener a los delanteros que ya denunciaban falta de eficacia. Tanto Sebastián Driussi, como Facundo Colidio y Maximiliano Salas son delanteros con gol, pero la racha sin gritos de éstos repercute en el resto del funcionamiento.

El entrenador de River Plate, Marcelo Gallardo, gesticula durante el partido del Torneo Clausura 2025 de la Liga Profesional Argentina entre River Plate y Gimnasia en el estadio Más Monumental, en Buenos Aires, el 2 de noviembre de 2025. (Foto: ALEJANDRO PAGNI/AFP)

El técnico está fallando en las estrategias. Pasó de subestimar el ataque directo de Tigre con pocos recaudos defensivos, a respetar reverencialmente las virtudes de Argentinos Juniors. En Paternal, buscó emparejar el mediocampo del equipo de Nicolás Diez con Aníbal Moreno, Giuliano Galoppo, Kevin Castaño (reemplazado en el entretiempo) y Tomás Galván. Pasó de Salas y Colidio con Tigre a jugar solamente con Agustín Ruberto en el ataque. El ecuatoriano Kendry Paez iba a necesitar de un tiempo de acondicionamiento físico y de repente debuta en un contexto de dificultad. Y los marcadores centrales vuelven a tener vacilaciones, mientras los campeones del mundo, Gonzalo Montiel y Marcos Acuña, transmiten nerviosismo. De no ser por el jóven arquero Beltran, River pudo ser goleado nuevamente. 

En este contexto donde los rendimientos bajan (Moreno se presentaba para ser el líder de la levantada), empieza a cuestionarse la gestión de incorporaciones de alta cotización por su escaso rendimiento, como Matías Galarza Fonda que aún no han tenido minutos durante este año. Y para colmo, sufre la fatalidad de la lesión de Marcos Portillo, que tampoco había tenido rodaje en este torneo. 

Su próximo compromiso en el Apertura será un duro choque frente al ascendente Vélez como visitante.

El cuerpo técnico de River considera, puertas hacia adentro, que hay un aire renovado. Que el plantel tiene nuevos liderazgos. Que la energía se renovó. Si debemos creer en esta impresión que trasciende desde la intimidad, los últimos rendimientos del equipo condicionarán la estabilidad de un proyecto que cruje.

Nunca a Gallardo el tocó atravesar una crisis de este tipo. Jamás el técnico convivió con esta sensación de fin de ciclo. Por primera vez se siente interpelado. En la búsqueda de responsabilidades, cuando alguien ocupa tanto la centralidad de un club con plenos poderes, es lógico que el destinatario se pronuncie en singular. El desafío para el propio Marcelo Gallardo será aceptar o reconocerse parte del problema, luego de haber tenido todas las soluciones a su disposición.