Llega Chacho Coudet a River. La búsqueda de River fue rápida y decidida.
Tal vez en el ideal del presidente Stefano Di Carlo hayan estado otros nombres, como el de Gabriel Milito. Pero de los posibles, el Chacho era el candidato excluyente para este desafío. Entre las condiciones que reúne para que su elección no admite reparos está, sobre todo, su conocimiento sobre el mundo River.
Las veces que River se apartó del mandato “ser de la casa”, el crédito quedó más acotado. Desde Carlos Babington, pasando por Manuel Pellegrini o Ángel Cappa, por citar algunos ejemplos de la era moderna.
Otro de los motivos que acredita méritos es su visión del juego. Los equipos de Coudet, al menos en el fútbol argentino, donde fue campeón con Racing Club y jugó dos finales de Copa Argentina con Rosario Central, eran agresivos e imponían condiciones. Generalmente, sus equipos juegan con doble 9. En Central la fórmula estaba compuesta por Marcelo Larrondo y Marco Ruben. En la Academia, la dupla de ataque la conformaban Darío Cvitanich y Lisandro López. Sus equipos suelen jugar con un solo mediocampista central y tres ofensivos para acompañar a los delanteros.
Lo que se pudo advertir de anteriores experiencias -- veremos si logra conseguirlo asumiendo en plena competencia y con la Copa Sudamericana por delante-- es su capacidad para levantar anímicamente a sus dirigidos casi de manera inmediata. Desde su carisma y sencillez logra un efecto revulsivo en sus equipos. Y éste no es un detalle menor, pensando en lo golpeado anímicamente que está el plantel de River tras la repentina partida de Gallardo. Ahora bien, esa consolidación de una idea de juego inicial no se suele sostener en el mediano plazo.

Está claro que Coudet tiene como primera misión recuperar los rendimientos de algunos futbolistas que lucen apesadumbrados en este River y son muy resistidos por el público. Los casos más significativos son los de Marcos Acuña, Maximiliano Salas, Facundo Colidio, Kevin Castaño y Paulo Díaz. Si logra rescatar algún rendimiento de los mencionados, habrá mejorado la competitividad del plantel.
En esta breve transición, se afirman con buenas perspectivas los jóvenes como Ian Subiabre y Joaquín Freitas. La continuidad de Beltrán en el arco dependerá de la incógnita que significa el retorno de Franco Armani. El joven guardameta lució muy afianzado para sostener el empate ante Independiente Rivadavia.
Seguramente en el mercado de junio, Chacho reclamará por un centrodelantero que pueda acompañar a Sebastián Driussi. El déficit de goles de los delanteros fue la principal dificultad que atravesó el final del ciclo de Gallardo.
La salida del Muñeco, con relación distante con algunos de los futbolistas, sobre todo con el campeón del mundo “Huevo” Acuña, obligará al nuevo técnico a recomponer un vestuario con heridas abiertas. Definir liderazgos genuinos, mientras Germán Pezzella se recupera de la lesión. Y, antes que nada, potenciar a futbolistas que deben acreditar méritos para jugar en River.
La herencia de Chacho es menos compleja que la tuvo que asumir Martín Demichelis. El último paso de Gallardo por el club fue tan insípido, que todo lo que pueda modificar será recibido como una buena noticia.
Llega Chacho, con su desenfado y madurez, con su carisma y sus convicciones. Ante todo, necesita de triunfos para que el hincha de River vuelva a creer.
