Boca arrancó el Torneo Clausura de la peor manera. Más allá del duro resultado, la goleada dejó al descubierto problemas que parecían superados. En apenas diez minutos ya perdía 2-0, con dos goles de cabeza en los que la defensa ofreció muy poca resistencia. La descoordinación en el fondo fue evidente y el arquero tampoco logró transmitir la seguridad que el equipo necesitaba.
Los cambios de nombres y la renovación en la formación no alcanzaron para modificar una imagen que volvió a generar preocupación. Antes del entretiempo, Boca ya estaba tres goles abajo y nunca dio la sensación de tener herramientas para reaccionar. Además, la rotación dejó expuestas las limitaciones físicas de una delantera improvisada, que insistió con el juego aéreo frente a una defensa de Riestra que hizo de esa faceta uno de sus puntos más fuertes.
La derrota terminó de explicarse por una suma de errores. Boca sufrió con la pelota parada, quedó mal parado en los contragolpes y volvió a pagar muy caro sus propias desatenciones. El tercer tanto fue la síntesis de una tarde para el olvido: un córner a favor terminó en una transición defensiva desordenada, con un retroceso lento y lleno de desajustes que Riestra aprovechó sin perdonar.
En el arranque del segundo tiempo, el entrenador intentó cambiar el rumbo con los ingresos de Ángel Romero por Alarcón y Villa por Velasco. Sin embargo, las variantes no modificaron el desarrollo del partido. Boca manejó la pelota durante varios pasajes, pero esa tenencia nunca se tradujo en situaciones de riesgo. Le faltó profundidad, claridad en los últimos metros y prácticamente no inquietó al arco rival. La histórica victoria de Deportivo Riestra dejó encendidas varias alarmas en el Mundo Boca. A esta altura de la temporada, una derrota de este calibre genera más interrogantes que respuestas. El entrenador todavía no logra encontrar el funcionamiento del equipo y tendrá que trabajar contrarreloj para corregir errores que volvieron a repetirse en una caída tan dura como preocupante.
