Croacia será la próxima prueba de Portugal en los dieciseisavos de final y, por historia reciente, es uno de esos rivales que nadie elige enfrentar. El conjunto balcánico volvió a demostrar en la fase de grupos que sabe competir al máximo nivel, apoyado en una base de futbolistas experimentados y en una idea de juego que rara vez pierde el equilibrio.
Más allá de los nombres, Croacia destaca por su capacidad para manejar los tiempos de los partidos. No suele desesperarse, espera el momento indicado para golpear y aprovecha cualquier desajuste del rival. Joško Gvardiol aporta firmeza en defensa, Mateo Kovačić marca el ritmo en la mitad del campo y Andrej Kramarić ofrece presencia constante en ataque. Imposible no mencionar a Luca Modric quien, al igual que Cristiano, juega su sexto mundial. Es un equipo que entiende muy bien cómo jugar este tipo de torneos.
Ahora, la historia cambia. La fase de grupos quedó atrás y comienza ese tramo donde una sola noche puede marcar el destino de una selección. Es como llegar a una puerta que solo se abre para quien mantiene la calma cuando más aprieta la presión.
Portugal sabe que tendrá en frente a un rival incómodo, pero también llega con argumentos para ilusionarse. Más allá de no haber hecho la fase de grupos que querían, el talento de jugadores como Bruno Fernandes, Bernardo Silva, Rafael Leão y Cristiano Ronaldo permiten pensar en un equipo preparado para dar un paso adelante cuando el margen de error desaparece.
Croacia exigirá la mejor versión del conjunto luso. Si Portugal logra imponer su ritmo y vuelve a mostrarse eficaz en ataque, tendrá motivos suficientes para seguir creyendo que el sueño mundialista continúa completamente al alcance de sus manos.
