La Premier League no te deja respirar, pero el Arsenal parece sentirse cómodo cuando la soga aprieta. Después de que el Manchester City hiciera los deberes ante el Newcastle United, el margen de error para los Gunners quedó prácticamente en cero. Lejos de achicarse, el equipo de Mikel Arteta dio la cara como lo hacen los que están convencidos de que pueden ser campeones. El 4-1 en el clásico del norte de Londres fue una muestra de carácter y fútbol, y además le devolvió los cinco puntos de ventaja en la cima.
Del otro lado, el Tottenham Hotspur vive horas agitadas. Ya no se trata solo de una temporada irregular: la preocupación empieza a ser más profunda. La tabla dejó de mirarse de mitad hacia arriba y ahora la mirada se va directo a la zona roja. Para Tudor el panorama es inquietante: le quedan apenas 11 fechas para evitar que esos cuatro puntos de colchón sobre los tres últimos de la tabla no se reduzcan.
En el clásico volvió a hacerse escuchar el nombre de Eberechi Eze. A la luz de lo que viene mostrando, su decisión de último momento de rechazar al Tottenham para ponerse la camiseta roja cobra otro peso. Es cierto que desde su llegada en agosto se discutió su regularidad, pero aparece cada vez que enfrenta a su rival de toda la vida. Con el doblete más reciente ya suma cinco goles en apenas dos partidos contra los Spurs y se mete en la lista de sus verdugos más recordados, solo por detrás de nombres pesados como Robert Pires y Emmanuel Adebayor.
Más allá de las figuras, el resultado deja la sensación de haber marcado un antes y un después en la temporada. El Arsenal no solo sumó tres puntos fundamentales: se llevó la certeza de que puede sostener el mano a mano con el City. En el calendario ya está subrayado el 18 de abril, cuando el cruce directo ante el equipo de Guardiola puede empezar a definir la historia. Pero por lo que significó en lo emocional y en lo futbolístico, lo de este fin de semana ya pesa como uno de los golpes más fuertes del campeonato.
