Con apenas 21 años, Ilia Malinin no solo gana medallas: está empujando al patinaje artístico hacia un terreno que antes parecía imposible. El estadounidense fue clave en la medalla de oro por equipos de su país en los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026 y además lidera la competencia individual masculina. Pero su impacto va mucho más allá del resultado.
Desde hace tiempo, Malinin es señalado como el patinador más innovador del planeta. No por estética, sino por atreverse a cruzar límites físicos que nadie se animaba a tocar sobre el hielo. Saltos cuádruples, combinaciones inéditas y movimientos acrobáticos lo convirtieron en una figura disruptiva dentro de un deporte históricamente conservador.
Un talento que nació jugando
Hijo de dos ex patinadores olímpicos nacidos en Rusia, Malinin no fue criado bajo una lógica rígida. Empezó a patinar a los seis años, pero también practicó fútbol, gimnasia, tenis y básquet. Incluso se destacó en parkour y skate, experiencias que hoy explican su extraordinaria capacidad para ubicarse en el aire y controlar el cuerpo en rotación.
Ese enfoque libre fue clave. A los 13 años ejecutó su primer salto cuádruple y comenzó a forjar una identidad propia, tanto dentro como fuera de la pista. A los 17 logró lo que muchos consideraban inalcanzable: completar con éxito el cuádruple Axel, un salto de cuatro rotaciones y media que exige potencia, velocidad y precisión extrema.
De quedarse afuera a dominar el mundo
En 2022, pese a ser subcampeón nacional, quedó fuera del equipo olímpico de Estados Unidos por falta de experiencia. En lugar de frustrarse, lo usó como motor. Desde entonces, su crecimiento fue meteórico: títulos nacionales, campeonatos mundiales y récords de puntuación que lo colocaron en la cima del patinaje artístico.
En Milán volvió a demostrarlo. En la competencia por equipos realizó una voltereta hacia atrás legal, algo que no se veía en Juegos Olímpicos desde hacía medio siglo. El público estalló. No sumó puntos técnicos, pero sí dejó una marca imposible de ignorar.
Más que medallas: una misión
Malinin no esconde su objetivo. Quiere que el patinaje artístico vuelva a ser popular, masivo y atractivo para nuevas generaciones. Sueña con que los niños llenen las pistas y que los nombres de los patinadores sean tan reconocidos como los de otras estrellas del deporte.
Hoy, mientras lidera la prueba individual y ya saborea su primer oro olímpico, el chico de Virginia sigue fiel a aquella idea que tenía cuando entrenaba solo, con la música fuerte y sin público: cambiar el juego.
