¿Cómo es posible que, a nueve años de su muerte, Muhammad Ali —sin ser universalmente reconocido como el mejor pugilista de la historia (ese lugar suele atribuirse a Sugar Ray Robinson)— sea, paradójicamente, el mejor deportista que haya alumbrado el planeta?
El aparente sinsentido no se explica en las virtudes del Bocón de Kentucky sobre el ring —que eran muchísimas—, sino en la trascendencia que su carrera y su vida dejaron para las generaciones venideras. Su legado ha traspasado largamente los linderos del deporte para formar parte de la cultura popular, y su figura, pese al inevitable transcurso del tiempo, no ha dejado de crecer hasta ocupar, sin discusión, el rótulo de leyenda.
Nacido como Cassius Marcellus Clay hace 84 años, dejó una huella inmarcesible no solo en el deporte —su alma mater—, sino en distintos aspectos de la vida. El boxeo, decía Joyce Carol Oates, “ayuda a entender los perímetros de la civilización”, y es que, a partir de su forma de interpretar este deporte, Ali contribuyó a cuestionar asuntos existenciales como el racismo, las guerras, los miedos y las tentaciones humanas. Sus acciones, y sobre todo la naturaleza de sus discursos, pueden abordarse sin dificultad desde la psicología, la antropología, el marketing o la sociología.
Algunas frases que resumen su pensamiento:
- “Imposible” es una palabra para mentes comunes y corrientes.
- El hombre sin imaginación no tiene alas.
- ¿Qué me hizo el Vietcong para que yo esté en guerra con él?
- ¿Quién es ese Parkinson?, ¿a quién le ganó?, ¿en qué libros de récords está?
- “Nunca pensé que el día que le dije gorila a Frazier le iba a causar tanto daño. Lo único que yo quería era vender entradas”.
- “Si un hombre de 50 años ve el mundo como cuando tenía 20, entonces desperdició 30 años de su vida”.
- “Un día salí al balcón junto al Papa y la gente se preguntaba quién era el señor de blanco que estaba a mi lado”.
- “La única religión que vale es la del amor”.
- “¿Por qué me piden que vaya a la guerra a matar gente, cuando en Louisville los negros son tratados como perros?”.
- “Servir a los demás es el costo que se paga por la estancia en la Tierra”.
Decididamente, Ali no alcanzó la gloria: se la llevó por delante.
