México vivió una noche brillante en Houston. La selección mexicana desplegó todo su poder ofensivo y venció con contundencia 16-0 a Brasil en el Daikin Park, en un encuentro que terminó en la sexta entrada por la regla de misericordia.
Desde el inicio del partido, México dejó claro que estaba listo para asumir el control. En la primera entrada, la ofensiva mexicana desfiló completa por el plato y armó un rally de cuatro carreras gracias a las producciones de Jonathan Aranda, Alejandro Kirk, Nick Gonzales y Alek Thomas. Fue un arranque lleno de energía que rápidamente encendió a los aficionados presentes en el estadio, muchos de ellos vestidos de verde y apoyando con entusiasmo.
El impulso continuó en la segunda entrada, cuando Jarren Durán conectó un cuadrangular solitario que amplió la ventaja. Aunque Brasil logró detener momentáneamente el ataque en la tercera entrada, el respiro fue breve. En el cuarto episodio, México volvió a mostrar su potencia ofensiva con seis carreras más, destacando el jonrón de tres carreras de Alejandro Kirk, que elevó aún más el ánimo del equipo y de la afición.
Con una ventaja amplia en el marcador, el cuerpo técnico aprovechó para dar descanso a algunos titulares y permitir la participación de otros jugadores que también buscaban aportar. La profundidad del roster quedó en evidencia mientras el equipo mantenía la intensidad en el campo.
En la sexta entrada llegaron los batazos que sellaron el nocaut. Alek Thomas conectó un cuadrangular y poco después Julián Ornelas sentenció el encuentro con otro poderoso batazo, desatando la celebración del conjunto mexicano.
Más allá del marcador, la victoria deja sensaciones muy positivas. México no solo mostró contundencia, sino también unión, confianza y un buen ritmo colectivo. Con ese impulso, el equipo se prepara ahora para un desafío mayor, consciente de que lo mejor del torneo aún está por venir.
