Milano-Cortina 2026 ya tiene una de esas imagenes que recorren el mundo en segundos: la silueta de un joven suspendido en el aire, un giro que no cierra y un estadio entero en silencio. Elias Lajunen, finlandés de 18 años y debutante olímpico, protagonizó el momento más impactante de la jornada en la clasificación de Big Air de freeski.
Último en el orden de salida, el chico que carga un apellido pesado —es hijo de Samppa Lajunen, múltiple campeón en Combinado Nórdico— tomó envión en la rampa de 40 metros decidido a dejar su huella. El truco prometía: rotación ambiciosa, técnica limpia en el despegue. Pero en el aire algo se desacomodó. Perdió estabilidad y el aterrizaje fue descontrolado. El golpe contra la nieve encendió todas las alarmas.
Durante unos segundos que parecieron eternos, no se escuchó nada en Livigno. Compañeros, jueces y público siguieron la escena con el corazón en la boca. Los médicos ingresaron de inmediato y activaron el protocolo. Lajunen fue inmovilizado y retirado en camilla, mientras la competencia quedaba en pausa.
La imagen que devolvió el aliento llegó camino a la salida: el finlandés levantó el pulgar. Un gesto mínimo, pero suficiente para transformar el murmullo en aplauso. Más tarde, el Comité Olímpico de Finlandia informó que los estudios iniciales no detectaron lesiones graves, aunque el esquiador quedó en observación por precaución.
El Big Air, disciplina que empuja los límites del riesgo y la creatividad, volvió a mostrar su cara más cruda. Saltos que desafían la física, maniobras milimétricas y un margen de error que no perdona. Lajunen no pudo completar la ronda ni continuar en competencia, pero dejó una marca imborrable en estos Juegos.
Milano-Cortina suma medallas, récords y hazañas. También escenas que recuerdan lo fino que es el hilo entre la gloria y el susto. Esta vez, la historia tuvo un final tranquilizador. Y un joven de 18 años que, aun en la caída, mostró carácter olímpico.
