Independientemente del resultado del próximo enfrentamiento tenístico entre Aryna Sabalenka y Nick Kyrgios, el partido entre ambos resulta un despropósito. Las únicas razones que lo justifican son el afán comercial y el espectáculo, y eso, en materia deportiva, no siempre es suficiente.
Una vez más, como ocurrió con Billie Jean King frente a Bobby Riggs o con Jimmy Connors ante Martina Navratilova, los tenistas hombres y las tenistas mujeres vuelven a medirse en el court. Generalmente, en el pasado, las reglas se han modificado con el objetivo expreso de equilibrar el juego. En el caso de Billie Jean King contra Riggs, el duelo se hacía más parejo porque Bobby, una gloria en su juventud, regresaba veinte años después de su retiro para retar a la mejor del mundo en una singular batalla. Como se preveía, el otoñal Riggs no pudo con King, que estaba en plenitud, y fue derrotado en tres sets sin mayores sobresaltos.
Años después se enfrentaron dos leyendas y también se intentó reducir las diferencias físicas, restándole el número de servicios a Connors (uno solo) y permitiendo que Martina pudiera jugar incluso utilizando la línea de dobles para tener mayor margen de golpeo. Connors, de todas formas, no tuvo problemas y la derrotó claramente en dos mangas.
Hace muy pocos días, la española Garbiñe Muguruza, ex número uno del mundo en 2017, disparó contra el evento actual y manifestó que, aun cuando ella estaba en la cúspide del tenis mundial, incluso los jugadores juniors eran capaces de derrotarla. “Es que es mucha la diferencia. No es solo la potencia, es que físicamente… los músculos, la resistencia que puede tener un hombre a la hora de jugar un partido… Son muchas cosas. Yo tengo dos hermanos y nunca les he ganado”, afirmó. Para ella está claro: esto es simplemente un show. Si se entiende así, el divertimento de hoy puede ser válido; si se le busca dar otro significado, se incurre en un error.
