El uruguayo comenzó el 2026 con una imagen que resume su momento con el equipo: corriendo solo mientras a un costado el resto del equipo hacía trabajos con pelota en plena pretemporada. La idea del jugador y del comando técnico es clara, no forzar su físico y llevarlo de a poco para que las lesiones no reaparezcan. Este es un año importante para Boca y necesita que la calidad y goles del delantero aparezcan.
El 2025 fue un período complejo para el uruguayo. Llegó con la expectativa de ser una referencia ofensiva constante y terminó atravesado por problemas físicos que le impidieron encontrar continuidad, especialmente en el tramo final de la temporada. Las lesiones, pequeñas pero persistentes, condicionaron su rendimiento y también su presencia en los momentos decisivos.
Con Boca volviendo a los entrenamientos en Ezeiza tras las vacaciones de fin de año, Cavani decidió decir presente desde el primer día. Y su llegada no pasó desapercibida ya que llegó en helicóptero al predio, una postal poco habitual que rápidamente se viralizó. Sin embargo, más allá de lo llamativo del arribo, el foco estuvo puesto en el campo de juego, o mejor dicho, en el sector donde el uruguayo realizó trabajos diferenciados.
Mientras sus compañeros participaban de los primeros ejercicios con pelota, Cavani se movió de manera individual, con cargas medidas y movimientos controlados. La decisión no responde a una lesión nueva ni a una recaída, sino a una planificación específica pensada para protegerlo. El delantero se encuentra bien físicamente, pero arrastra desde hace meses una molestia en la zona lumbar que requiere cuidados diarios para no agravarse.
Esa dolencia fue uno de los grandes condicionantes de su último año. No lo dejó fuera de manera prolongada, pero sí le impidió moverse con normalidad y sostener ritmos altos de competencia. Por eso, el cuerpo técnico optó por avanzar con cautela, priorizando la prevención por sobre la exigencia inmediata, sobre todo en el inicio de la pretemporada.
La falta de continuidad también se reflejó en su participación durante los partidos. Cavani no juega como titular desde septiembre del año pasado y, desde entonces, sumó minutos de manera intermitente, mayormente desde el banco. Incluso hubo situaciones puntuales, como una molestia durante una entrada en calor, que lo dejaron al margen en encuentros importantes y reforzaron la necesidad de extremar los cuidados.
A pesar de ese contexto, el delantero no perdió de vista el objetivo principal. El 2026 marca el regreso de Boca a la Copa Libertadores y esa competencia funciona como un estímulo especial. Cavani siente que todavía tiene la energía y la experiencia necesarias para ir en busca de ese desafío que el club y su gente persiguen desde hace tiempo: la tan ansiada Séptima.
El plan con él es claro: no apurarlo, no forzarlo y administrarlo de manera inteligente. A los 38 años, la gestión física es tan importante como el talento. El objetivo no es que esté disponible todos los fines de semana, sino que llegue en condiciones a los momentos clave de la temporada, donde su jerarquía puede marcar diferencias.
