Una de las últimas postales de Lionel Messi lo mostró con un semblante de dolor, las lágrimas que lo superaron, la desolación por la chance perdida de sumar su segundo título en la Copa Mundial.
Claramente, el 10 no se había saciado. Dos Copas América, la Finalissima, la cita ecuménica de Qatar 2022, pero aún así, quería más. Jugar con la camiseta de la selección argentina lo hacía sentir en plenitud y es por ello que resultó un mazazo la derrota en la final ante España por 1-0 en el tiempo suplementario.

Desde aquella cita de hace tres años y medio en Medio Oriente, se veía lejano y hasta improbable que pudiera volver a estar en la gran cita de la FIFA, sobre todo tras el objetivo cumplido en suelo qatarí. Sin embargo, el tiempo lo acompañó y la motivación, lejos de desvanecerse, se potenció.
Igualmente, el hombre del Inter Miami fue mesurado a partir de una sensible condición física que lo llevó a quedar fuera en distintos periodos a causa de las lesiones. De hecho, hasta el inicio del reciente evento mundialista, se mantenía la incógnita acerca de su rendimiento y si debería dosificar los minutos de juego.
Pero el rosarino volvió a romper con todo presagio. A sus 39 años, de movida, rompió el récord de máximo goleador histórico que ostentaba Miroslav Klose, anotó un hat-trick ante Argelia (80' jugados), un doblete frente a Austria (90') y un tanto más en sus 30' en el campo tras ingresar desde el banco contra Jordania.
Leo convirtió también en los 120' vs. Cabo Verde y su último para la gran remontada 3-2 con Egipto, que en definitiva lo dejó con 21 goles.
Messi también disputó 120' en los cuartos contra Suiza, el tiempo completo en la dulce recuperación frente a Inglaterra, y otras dos horas -seguramente más, por el adicionado- contra los españoles en el juego decisivo.
En cuanto al fútbol que logró desarrollar, es cierto que para el capitán fue un Mundial de mayor a menor. Del brillo goleador en la fase de grupos, a tener que luchar por encontrar su lugar en la cancha e influir en la ofensiva de su equipo.

Le costó, de hecho, a Messi cada duelo eliminatorio. Incluso la final, en la cual cerró con un solo remate que se marchó alto, 55 toques de pelota, 27 pases bien dados de los 34 totales (79.4% de efectividad) y tres regates completados de los cuatro que intentó.
Pese a la adversidad, Leo se marcha de pie y con la frente en alto. Estuvo a disposición de Argentina y no hubo obstáculos físicos. Con casi cuatro décadas de vida y unas vitrinas a las que nada les falta, se brindó a tope y, aunque la última foto que lo exhibe quebrantado pudiera pintarlo en derrota, en Messi no se halla reproche.
