Cienciano ya está entre los ocho mejores de Sudamérica. Perdió 1-0 ante Botafogo en Río de Janeiro, pero el 6-1 conseguido una semana antes en Cusco fue una diferencia demasiado grande para el equipo brasileño. El global terminó 6-2 y el ‘Papá’ vuelve a los cuartos de final de la Copa Sudamericana, 23 años después de aquella campaña que terminó con el título continental.
La clasificación tuvo dos nombres propios en una noche de resistencia: Ítalo Espinoza y Kevin Becerra.

Espinoza pasó de la duda a la seguridad. El arquero comenzó nervioso, tuvo algunas salidas en falso y cargó con responsabilidad en el gol de Danilo Pereira, que puso a Botafogo arriba. Parecía una noche complicada para él. Pero reaccionó. Con el partido avanzando, recuperó confianza y terminó siendo fundamental, especialmente en el segundo tiempo. Fueron cuatro intervenciones de gol que mantuvieron al Cienciano con vida cuando Botafogo buscaba algo imposible.
Becerra también fue una pieza clave. El central jugó con personalidad, estuvo seguro en los cruces, atento en los relevos y firme en el juego aéreo. Cada vez que Botafogo intentó acercarse, encontró en él un defensor dispuesto a cerrar espacios y apagar peligros.

Cienciano no ganó en Brasil, pero tampoco necesitaba hacerlo. La tarea estaba encaminada desde aquella noche inolvidable en Cusco. En Río tocó defenderla, sufrirla y sostenerla. Y lo hizo.
Ahora, el ‘Papá’ regresa a una instancia que ya conoce y que guarda un recuerdo imborrable. En 2003, ese camino terminó con la gloria. Hoy, 23 años después, Cienciano vuelve a recorrerlo con la ilusión intacta y la historia otra vez como compañera de viaje.
