Boca perdió frente a Estudiantes en La Plata por la segunda fecha del Torneo Apertura. El equipo local fue claramente superior y lo reflejó tanto en el juego como en la actitud. El Pincha, en pleno proceso de armado, se impuso ante un Boca disminuido y entendió desde el arranque que no se trataba de un partido más. La previa estuvo atravesada por la salida de Ascacibar, un tema que cargó de tensión el clima en Uno.
El conjunto dirigido por Úbeda llegó a La Plata con un panorama complejo: siete bajas importantes, todas en ofensiva. Cavani, Merentiel, Giménez, Palacios, Battaglia, Janson y Velasco no estuvieron disponibles, un dato que condicionó el desarrollo del encuentro y dejó al equipo con escasas alternativas de ataque.
Estudiantes golpeó por la vía aérea y no perdonó. Dos pelotas paradas, dos goles de sus marcadores centrales. El local hizo un partido simple e inteligente, aprovechó el envión del primer tanto y expuso las falencias defensivas de Boca. Paredes sufrió en la marca, con Belmonte y Alarcón como laderos, y nunca logró afirmarse: la cancha le quedó grande y jugó a un ritmo menor que el resto.
Boca recién mostró una reacción en los veinte finales, empujado por los pibes, y estuvo cerca del empate sobre la hora. Fue una noche para el olvido de los centrales xeneizes. Lo más rescatable pasó por la banda izquierda, con Blanco y Zeballos, y por los ingresos de Gonzalo Gelini y Tomas Aranda, que le dieron aire al equipo. Hubo amor propio, pero no alcanzó.
Del lado del Pincha, el resultado pudo haber sido más amplio, aunque Carrillo no estuvo fino para sentenciarlo. Buenas actuaciones de González Pirez, Medina y Pérez, claves en el funcionamiento colectivo.
Fuera de la cancha también hubo ruido. Juan Sebastián Verón manifestó su malestar por la salida de Ascacibar: dejó de seguir al volante en Instagram y publicó una historia con una frase filosa de Alejandro Sabella, emblema del club:
“Hablo poco. Soy dueño de mis silencios y esclavo de mis palabras”.
